El mes de marzo trae consigo infinidad de hechos históricos de gran significación para los cubanos. El 8, Día Internacional de la Mujer; el 13 de 1957, asalto al Palacio Presidencial, toma de Radio Reloj y asesinato del líder estudiantil José Antonio Echeverría; el 14 de 1892, José Martí funda el periódico Patria y los cubanos celebran el día de la prensa.
Más tarde, el 18 de 1923 Rubén Martínez Villena encabeza la llamada Protesta de los Trece, donde se enfrenta a la corrupción del gobierno de Gerardo Machado; el nacimiento de Mella el 25 de 1903, joven estudiante que fundara el primer Partido Comunista de Cuba junto a Carlos Baliño en 1925.
Pero sin dudas, uno de los acontecimientos más importantes del mes es la Protesta de Baraguá de 1878. En aquel entonces obstáculos como la desunión y el caudillismo de los propios cubanos participantes en la guerra de independencia contra España, terminaron en la firma de una injusta paz con el Pacto del Zanjón.
Antonio Maceo, ascendido a Mayor General, escribe al español Arsenio Martínez Campos y le solicita una entrevista, así como la suspensión de las hostilidades durante un breve período. La Revolución, en ese momento había perdido mucho vigor y Maceo, se encarga de sobreponerse a esta situación proclamando su posición irrevocable de seguir combatiendo.
Su ejemplo reanima el patriotismo, y el 15 de marzo hace 138 años atrás, protagoniza una de las páginas más gloriosas de nuestra historia. Reunidos en Mangos de Baraguá, el Titán de Bronce comunica de inmediato al general Martínez Campos, que no estaba de acuerdo con el pacto firmado, ya que con el mismo no se lograba la independencia de Cuba, ni la abolición de la esclavitud.
“Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él”, fue la frase heroica del intransigente mulato cubano que, al decir de Martí, tenía tanta fuerza en el brazo como en la mente, cuando el español quiso leer el indigno pacto.
Martínez Campos, había ido a Baraguá confiado en la facilidad de un arreglo pronosticado por sus confidentes; sin embargo, tuvo que retirarse moralmente derrotado ante la actitud resuelta y serena de Maceo, dispuesto a seguir luchando hasta vencer o morir.
Aquel hecho trascendental y oportuno, demostró que numerosos insurrectos no renunciarían a sus ideales ni depondrían las armas si con ello no obtenían, como condición mínima, el cese del infamante régimen colonialista. Al decir de Fidel Castro al cumplirse cien años del acontecimiento:
“(...) con la Protesta de Baraguá llegó a su punto más alto, llegó a su climax, llegó a su cumbre el espíritu patriótico de nuestro pueblo; y que las banderas de la patria y de la revolución, de la verdadera revolución, con independencia y con justicia social, fueron colocados en su sitial más alto.”
A la luz de nuestros días, todavía marzo promete legarnos más fechas históricas a los cubanos. Próximamente se espera la llagada a Cuba del presidente norteamericano Barack Obama, el primero que pisará suelo cubano desde 1928; en un contexto de diálogo y de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
No obstante, para lograr este fin, aún deben resolverse situaciones inadmisibles como el injusto bloqueo económico que Estados Unidos ha impuesto por más de 50 años a nuestro pueblo; la devolución del territorio que ocupa la Base Naval de Guantánamo; etc.
Por eso, marzo seguirá siendo el mes de Baraguá, no afecta que la fecha se traslade unos días, lo importante es que este pueblo siga demostrando que no dejará caer las banderas de la dignidad, que no admitirá injerencia en los asuntos internos y que, sobre todo defenderá su soberanía por encima de cualquier sacrificio.