Bien lo dijo Fidel Castro en uno de sus discursos: en Cuba solo ha habido una Revolución, la que comenzó el 10 de octubre de 1868 y triunfó el 1ro de enero de 1959. Por eso, a aquel hombre cansado del “brazo de hierro ensangrentado” con que España gobernaba esta isla, al iniciador de la lucha independentista, dedicamos una vez más nuestro homenaje.
Carlos Manuel de Céspedes es inolvidable. Uno de sus mayores méritos fue su decisión de levantarse en armas contra el gobierno español concediendo la libertad a sus esclavos, invitándolos a unirse a la lucha anticolonialista.
El primer presidente de la República de Cuba en Armas, nació en abril de 1819 en Bayamo, actual provincia de Granma. Abogado, escritor, poeta, masón, patriota intransigente, también amaba la práctica de la esgrima, la equitación y el ajedrez.
Varias veces fue desterrado y exiliado, por sus conspiraciones secretas en favor de la libertad de su tierra. Su inquebrantable firmeza de combatir, le acarreó la pérdida de Oscar, uno de sus hijos; cuando tuvo el valor y la decisión de supeditar el amor paternal al deber para con todos aquellos capaces de morir por la libertad de Cuba; por lo que hoy se le reconoce y venera como el Padre de la Patria, de todos los cubanos.
Fue también un hombre de pensamiento, que aspiraba a un independentismo distinto al de otras naciones, con separación política de España mediante la vía armada, y no simples reformas; la abolición de la esclavitud era su otra bandera de lucha; además del sufragio universal, para igualar en la república a antiguos amos y esclavos.
Entregado totalmente al servicio de su país, Céspedes renunció a todos los privilegios que su condición adinerada le proporcionaban. Sobre él escribió Martí: “(...) dejó de ser el hombre majestuoso que siente e impone la dignidad de la patria. Baja de la presidencia cuando se lo manda el país y muere disparando sus últimas balas contra el enemigo (...)”.
Precisamente luego de ser destituido como presidente en 1873, se instala en una comunidad intrincada de la Sierra Maestra llamada San Lorenzo, donde en 1974 cae en desigual combate contra las tropas españolas.
Sin el apoyo de la Cámara de Representantes, sin escolta, prácticamente ciego, se defiende para que los enemigos no lo capturan vivo, solo contra el Batallón de San Quintín, es herido de muerte y cae por un barranco.
Ya se cumplen 142 años de aquel acontecimiento ocurrido un 27 de febrero. Por eso, en cada nuevo aniversario, los santiagueros en representación de toda Cuba rinden tributo en su tumba del Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, donde descansan sus restos.