Así, como lo pensó Cecilio

Categoría: Historia
Escrito por Orlando Guevara Nùñez
Visto: 1853

cecilioEl  2 de febrero próximo, se cumplirá el centenario del natalicio de un revolucionario que simbolizan la rebeldía, la entrega total a la lucha por la libertad e independencia de la Patria y la fidelidad al socialismo como único sistema social capaz de atender y solucionar los problemas sufridos por las masas bajo la  opresión del capitalismo. Ese hombre fue Cecilio Sánchez Valiente.

Nacido en El Cobre, el 2 de febrero de 1916 y fallecido en Santiago de Cuba, el 16 de marzo de 1982, su muerte fue muy sentida por el pueblo, que le rindió un merecido tributo durante  el sepelio y acompañó sus restos hasta el cementerio de Santa Ifigenia.

Hijo de soldado mambí, de madre que  lavaba ropas en el Santuario  de El Cobre; cortador de caña, carbonero, obrero agrícola e industrial azucarero, cigarrero. Dirigente obrero y comunista. Hasta su muerte cumplió con honor su prédica, plasmada a su padre, en carta, en 1941: “Yo muero con las botas puestas, pienso que si dejo de luchar traiciono y un comunista no traiciona, ni se acobarda, ni se corrompe”.

El ejemplo de su vida fue una invariable confirmación de su pensamiento. Era el mayor entre 13 hermanos. La miseria se ensañó con su  humilde hogar. Por eso,  la edad de diez años   lo  recibió  ya trabajando. Cuando cumplió los doce, el desalojo  privó de tierra y vivienda a la familia.  En ese contexto se fue forjando su rebeldía.

Los campos de caña, los hornos de carbón, los cultivos de viandas, los centrales azucareros, fábricas de cigarros y otros múltiples empleos, lo ligaron más a la clase obrera y forjaron su conciencia proletaria. Ahí comenzaron sus luchas contra el poder de los latifundistas y patronos explotadores.

A los 22 años de edad, ingresó a las filas del partido de los comunistas cubanos.Organiza huelgas, protestas y demandas, en defensa de los derechos y la mejoría de los trabajadores.  Se enfrenta al poderoso latifundio norteamericano United Fruit Company, que usurpaba las mejores tierras cultivables de Oriente y engordaba sus arcas con el sudor de los trabajadores. Forja los sindicatos de la Construcción, Tintoreros y Azucarero, este último junto a Jesús Menéndez Larrondo, dirigente obrero y comunista, asesinado el 22 de enero de 1948.

Participa en la lucha contra los desalojos campesinos en Realengo 18 y en la Sierra Maestra. Sufrió prisión en  Palma Soriano, Guantánamo, Jamaica – también de Guantánamo- Jiguaní y Cueto. La esquina de Carnicería y Enramadas, en Santiago de Cuba, en 1939,  fue testigo de una golpiza de los esbirros batistianos, hasta caer al pavimento sin conocimiento.  Su delito fue reclamar el pago atrasado a los obreros.

En 1941, por sus cualidades y confianza en él, el Partido la asigna la riesgosa misión de infiltrarse como trabajador en la Base Naval de Guantánamo y luchar allí por la mejoría de las condiciones de trabajo y de vida de los obreros cubanos. Llegó a organizar en ese lugar  una célula clandestina de su partido.

Frente a  esa tarea, tuvo que cambiar el nombre de Cecilio por el de Elpidio, para no ser  identificado. Llegó a organizar huelgas y denunció el asesinato de un obrero por las autoridades norteamericanas en esa instalación.

En 1946 ocupa responsabilidades en el Comité Provincial del Partido en Oriente y luego en el Comité Regional Clandestino en Guantánamo, como Secretario General.

El 10 de marzo de 1952, se produce el artero golpe de estado de Fulgencio Batista. El actuar revolucionario de Cecilio alcanza desde entonces dimensiones superiores. Es designado como Secretario de Organización del Partido en Oriente.

Figuró entre los condenados a muerte por la tiranía y logró escapar de la masacre conocida como Las Pascuas Sangrientas, en Holguín. El desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956, con Fidel al frente, marcó una nueva etapa en el quehacer combativo de Cecilio. Se incorporó a la lucha clandestina y al Ejército Rebelde. Y tuvo la dicha de ver coronada la obra que desde joven había deseado y por la cual había combatido con total entrega. A partir de entonces, su consagración y fidelidad a la causa del pueblo se multiplicaron.

Fundador de los Órganos de la Seguridad del Estado, luchador contra  las bandas mercenarias de alzados,  jefe de la Defensa Civil en Oriente, jefe del Departamento de Contrainteligencia Militar,  cargo que desempeñó hasta 1963, cuando pasaría  a trabajar en el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, hoy Partido Comunista de Cuba, hasta el último día de su vida, desempeñándose como Secretario General en la entonces región de Santiago de Cuba, y como miembro del Buró Provincial del Partido en Oriente. Quienes tuvimos el honor de compartir con Cecilio, en una etapa, el trabajo partidista, fuimos testigo no solo de sus cualidades como dirigente, sino también sus valores éticos, morales y su capacidad para el sacrificio, el trabajo, su modestia y austeridad.

Cecilio  fue, desde muy joven un convencido de que para alcanzar una verdadera redención de los obreros y de todo el pueblo, había que derrocar al capitalismo. Porque la esencia de ese sistema es, sencillamente salvaje. Las esperanzas de cambio en el mundo, en muchos casos no rebasan la quimera. La realidad es que a escala universal los ricos siguen siendo cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. O lo que es lo mismo: muchos que obtienen poco y pocos que obtienen mucho. Esa es la esencia del capitalismo.

Para precisar esa esencia no quiero, en este trabajo, acudir a las definiciones teóricas, ni a los clásicos, ni a las categorías de la economía política. Tengo a la vista unas palabras de este humilde hombre de pueblo que vivió ese sistema brutal en Cuba y luchó hasta derrotarlo. “La vida en el capitalismo siempre fue dura y difícil. El sistema capitalista no le reserva ninguna perspectiva favorable a ningún obrero, ni a las capas humildes de la población. El caso resulta peor si además de humilde es negro y comunista; un comunista dentro del capitalismo resulta algo así como un esclavo rebelde y eso no se lo perdonan jamás. Yo rompí con el capitalismo siendo muy joven y confieso que si el capitalismo estuviera aquí todavía, lo estuviera combatiendo como a una sociedad y a un sistema que cerró para mí todas las posibilidades. Cuando pequeño, a mi casa no llegaron los Reyes, ni siquiera con caballitos de palo…”

La Cuba que ayudó a forjar Cecilio, no  volverá  a nutrir jamás las cifras acusadoras del capitalismo en el mundo. Pero esa aspiración necesitará siempre de conocer  nuestro pasado para entender nuestro presente y asegurar el futuro. Así lo definió Cecilio:

“A la juventud de hoy no le espera ninguna perspectiva sombría y triste; hoy nadie puede explotarla, maltratarla, darle plan de machete, encarcelarla, ni menos asesinarla. En cambio, tiene toda la posibilidad de estudiar, de trabajar, defender su Patria y engrandecerla”.   “Los luchadores de ayer no tenemos la menor  duda de que la causa por la cual luchamos continuará su marcha ascendente para felicidad de nuestro pueblo que vive  y vivirá confiado y tranquilo en lo que será el futuro luminoso de la Patria”.

En el centenario de su natalicio, el mejor homenaje a Cecilio Sánchez Valiente, es el trabajo del pueblo en el empeño de seguir construyendo y defendiendo la obra a la cual él dedicó su vida.

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