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El brillo eterno de una heroína

Categoría: Historia
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haydee santamaria cuadradoSin tener el privilegio de conocerla me atrevería a decir que Haydée Santamaría Cuadrado es una de esas personas que destacan irremediablemente como una especie de lucero. Y no solo por lo que desde niño aprendí de su vida en los libros de historia de Cuba sino por la imagen “del bullir quemante” que perdura de ella en la gente.

“Recuerdo que fue miembro del Comité Central del Partido y del Consejo de Estado, así como directora de Casa de las Américas y para nada su aspecto era el de una mujer importante. Se vestía como una cubana de pueblo, era enemiga de los privilegios y asumía sin vanidad el título de Heroína de la Revolución”. Así la describió mi abuela sin consultar ninguno de sus textos cuando le comenté que debía redactar este escrito sobre Haydée en el marco del aniversario 93 de su natalicio.

Pero la vida de esta valiosa combatiente revolucionaria fue tan fecunda, que recoge amor, creación, lucha, sufrimiento y controversia. No por gusto el destacado intelectual cubano Roberto Fernández Retamar escribió que recordar a Haydée es contemplar el paso de un relámpago, es escuchar la crepitación de bosques incendiados.

De profunda vocación martiana y gran sensibilidad humana, Yeyé, como cariñosamente le llamaban desde niña, fue la primera de cinco hermanos que se entregarían en cuerpo y alma a la Revolución.

Creció en su natal Constancia, como una joven bailadora, inquieta y fiestera, ferviente amante de los deportes, en especial del béisbol y del equipo Habana, según contaron en algún momento amigos de la familia.

Convertida en toda una señorita comenzó a hacerse partidaria de las convicciones y pensamientos de su hermano Abel, con quien se muda a un apartamento en La Habana. Allí comenzó a relacionarse con jóvenes revolucionarios y conoció a Fidel.

Participó en el asalto al cuartel Moncada y bajo el tiroteo, en la posición que le tocó defender desde el antiguo hospital Saturnino Lora junto a Melba Hernández, curó heridos hasta de las tropas enemigas.

En aquella acción de julio de 1953, Haydée perdió a dos de sus grandes amores, Abel y su novio Boris Luis Santa Coloma, duros golpes que la impulsaron a seguir viviendo aun cuando algunos dicen que la Heroína “no soportó el Moncada” ni pudo sobrevivir a los ojos de su hermano sumergidos dentro de una palangana (…).

Pero sus acciones demuestran todo lo contrario. Luego, en carta desde la prisión de Guanajay a sus padres, escribiría: “Mamá, Abel no nos faltará jamás. Mamá, piensa que Cuba existe y Fidel está vivo para hacer la Cuba que Abel quería. Mamá, piensa que Fidel también te quiere, y que para Abel, Cuba y Fidel eran la misma cosa, y Fidel te necesita mucho”.

Al salir de la cárcel se entregó a la lucha clandestina e intervino en la organización del levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba, y posteriormente se incorporó a la Sierra Maestra donde conoció al Che con quien no solo compartió sus medicamentos para el asma sino también una estrecha amistad.

Al triunfar la Revolución en 1959, recibe la misión de dirigir la prestigiosa institución Casa de las Américas y con apenas un sexto grado repetido varias veces, se convirtió en la cabeza de esa familia infinita, contribuyendo a resguardar lo más valioso del arte latinoamericano.

Aunque se reconoce hoy el 30 de diciembre de 1922 como la fecha de su nacimiento, no puede aseverarse con total exactitud que ese día fue traída al mundo, pues algunas publicaciones refieren que nació en 1922, otras en 1923, y difieren también entre el 30 y 31 de diciembre. Su muerte, un 26 de julio de 1980 a causa de un inesperado suicidio del que nada o casi nada se habla, también es presa de la controversia.

Sus restos descansan desde 2002, en un nicho del Panteón de los Mártires del cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, junto a 38 moncadistas, entre ellos su hermano Abel, segundo jefe del asalto a la fortaleza militar el 26 de julio.

Haydée Santamaría, constituye un ejemplo imperecedero para las actuales y futuras generaciones por su estoicismo, sencillez y profundo amor a la Patria. Preserva pese al paso de los años, el brillo eterno de una heroína.

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