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Ignacio Agramonte: patricio entregado a la libertad de Cuba

Categoría: Historia
Escrito por Rosa María Panadero Vega
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Ignacio AgramonteIgnacio Eduardo Agramonte y Loynaz nació en una casona marcada con el número 5 de la calle Soledad, en la ciudad de Puerto Príncipe, el 23 de diciembre de 1841 en el seno de una familia criolla ilustre y rica de esa región del país.

Sus orígenes acaudalados no constituyeron mella para que decidiera poner sus servicios en manos de la independencia cubana. Participó en las labores conspirativas que condujeron al alzamiento de los camagüeyanos, el 4 de noviembre de 1868, en el paso del río Las Clavellinas, en el que no figuró personalmente, pues se había decidido que permaneciera en la ciudad organizando el aseguramiento logístico de los alzados, a quienes se sumó el día 11en el ingenio El Oriente, cerca de Sibanicú.

El 16 de agosto de 1869, tomó parte en el frustrado ataque a Las Tunas, dirigido por el general en jefe del Ejército Libertador, Manuel de Quesada. Al agudizarse sus discrepancias con el presidente Carlos Manuel de Céspedes, presentó su renuncia, el 1 de abril de 1870, la cual fue aceptada el día 17.

Sin mando, pero conservando el grado de Mayor General, continuó la lucha acompañado por su escolta y por las pequeñas fuerzas que se le fueron agregando. En tales condiciones realizó alrededor de 19 acciones combativas en ese año, entre ellas las de Caridad de Pulido, Puente Carrasco, La Gloria, Santa Brianda de Altamira, Ingenio Grande, Embarcadero de Vertientes y Múcara.

Comprendiendo la importancia de mantener la unidad entre los cubanos, aceptó el ofrecimiento de Céspedes, el 13 de enero de 1871, de reincorporarse al frente de las fuerzas de Camagüey, y reasumió el mando de la división cuatro días más tarde. A partir de ese momento desarrolló el período más brillante de su carrera militar. La experiencia adquirida le permitió introducir cambios en el empleo táctico de la caballería, imprimiéndole gran movilidad, lo que posibilitó lograr la sorpresa en el combate.

Recién acababa de amanecer el 8 de octubre de 1871, y sucedió entonces que el brigadier Julio Sanguily fue sorprendido y capturado, cuando se encontraba en el rancho-enfermería de la patriota Cirila López Quintero. Agramonte, sin averiguar cuántos eran los enemigos, sino en qué lugar estaban, ensilló su caballo y se dirigió a sus 70 soldados: […] “Mis amigos, la cuestión está clara. Al brigadier Sanguily lo han hecho prisionero los españoles. Todo el que esté dispuesto a rescatarlo o morir, que dé un paso al frente[1]”. Esta brillante acción constituyó un ejemplo de la capacidad organizativa y el coraje ilimitado del patricio camagüeyano.

En la madrugada del 11 de mayo de 1873 llegan noticias de la presencia del enemigo en Santana de Cachaza. Agramonte propone atraer esa fuerza al Potrero de Jimaguayú, 32 kilómetros al suroeste de la ciudad de Camagüey, ampliamente conocido por él por ser uno de sus campamentos habituales.

Así de repente, como si hubiera concebido un nuevo plan partió con su escolta rumbo al vado que permitía cruzar la corriente del arroyo Basulto; ordena regresar a los demás, con la pretensión de cruzar el potrero y unirse a la caballería. Es en esos momentos que una fuerza española de avanzada, que se había ocultado en el arroyo, lo sorprende y lo hiere mortalmente de un balazo en la sien derecha.

A los 32 años, en plena juventud, traspasó los umbrales de la inmortalidad. Su cuerpo fue incinerado por orden del gobernador hispano Ampudia, sin embargo su ejemplo ya había calado en la totalidad de las huestes cubanas, que veían en su persona a una de las figuras más excelsas de la Revolución.

 


[1] Martínez, M., (2008) Acción y pensamiento de El Mayor [Versión digital].

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