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Machetes en busca de la independencia cubana: Aniversario 120 de la Batalla de Mal Tiempo

Categoría: Historia
Escrito por Rosa María Panadero Vega
Visto: 1833

Batalla de Mal Tiempo 1La rica zona azucarera de Las Cruces, por su situación estratégica constituyó un centro significativo para las operaciones del ejército colonial. En 1895 se calculaba la existencia de 8.000 a 10.000 efectivos militares entre los Cuarteles Generales de Las Cruces y Mal Tiempo.

El 14 de diciembre mientras las tropas mambisas descansaban en el campamento Las Lomitas, el General en Jefe recibió como refuerzo un escuadrón comandado por el Teniente Coronel José Loreto Cepero, quien solicitó ser incorporado a la extrema vanguardia del Ejército Invasor; Gómez accedió a ello y le ordenó cargar al machete sin consulta ni dilación a cualquier fuerza enemiga que se presentara por la ruta de la columna cubana. Esto respondía tanto a la necesidad constante de aniquilar cualquier obstáculo el cual se opusiera al desplazamiento invasor, como a las pocas municiones con que contaban.

La columna cubana tomó rumbo noroeste formada casi en un solo cuerpo, siendo mínima la distancia entre la vanguardia y retaguardia. Alrededor de las 10:00 a.m. del día 15 de diciembre de 1895, las tropas invasoras pasaron frente al central Teresa que se preparaba para comenzar la zafra, y aplicaron la tea incendiaria a los cañaverales. El Titán de Bronce, Antonio Maceo da la orden de redoblar el fondo de la columna y agrega: "Entro la nave en alta mar[1]".

El Generalísimo tenía la ventaja adicional de contar con una red de inteligencia en el territorio cienfueguero y áreas aledañas, encabezada por la patriota Rita Suárez del Villar, quien firmaba sus partes secretos con el seudónimo de "La Cubanita”, en los cuales les informaba acerca de todo el movimiento y la composición de las tropas enemigas.

Dirigido por el General Arsenio Martínez Campos, el mando peninsular enfrentó ese plan con la misión de liquidar la invasión, o al menos diezmarla y rechazarla hacia las provincias de Camagüey y Oriente, donde la otra parte del ejército español la esperaba para destruirla definitivamente como un movimiento de yunque y martillo.

Para Gómez y Maceo el plan de batalla era simple y claro, cada jefe tenía la orden de cargar sin treguas al machete contra las tropas hispanas y no darles tiempo a organizar la defensa de los mencionados cuadros, ni en líneas de tiradores.

En esos momentos se les reunió el Regimiento Céspedes para ayudar a echar al suelo la alambrada, casi al mismo tiempo, el General Máximo Gómez ve desde el centro de su Estado Mayor algunos escuadrones villareños, con el General Serafín Sánchez al frente que entraban como una tromba en el sector donde se encontraba el otro cuadrilátero enemigo, la posición que ocupaba, le permitió avanzar fácilmente dentro de las líneas ibéricas.

La infantería enemiga no lograba rehacerse, presa del pánico a la vista del terrible machete empuñado con furia por los escuadrones dirigidos por el Generalísimo Máximo Gómez. Manuel Piedra Martel, testigo del combate y ayudante del General Antonio Maceo expresó: […] "ni antes ni después de la campaña vio el ejército español a sus soldados perder la moral y desorganizarse […] pero en Mal Tiempo se mostraron colectivamente inconsistentes y faltos de valor individual. De otra manera no hubiésemos podido producirle aquel desastre[2]".

El fracaso de la batalla para los españoles demostró la influencia negativa del reclutamiento forzoso[3], manifestándose en la falta de ideal común, fundamentalmente en el Batallón de Canaria Número 42. La descripción de José Miró Argenter ilustra este elemento: […] "todos los sólidos han sido deshechos a machetazos la mitad por lo menos del Batallón de Canarias, huyendo de la tremolina ha soltado armas y cartucheras para escapar con mayor ligereza, o rendirse a discreción los que no aciertan a buscar refugio en la espesura de los cañaverales[4]".

La Batalla de Mal Tiempo demostró además como la unidad del ejército independentista cubano en la gesta del 95’ había logrado superar las contradicciones internas del 68’ tan dañinas para la Revolución. Los insurrectos solo tuvieron cuatro bajas, entre las que se destaca un héroe casi anónimo llamado Sarabella, jefe de caballería de Maceo y quien inválido desde la Guerra de los Diez Años, cabalgaba de lado en la silla de montar al tener amputada una pierna hasta el tercio superior del muslo. Su discapacidad no le impidió esgrimir con decisión el machete hasta caer derribado por el plomo enemigo.

Los independentistas cubanos obtuvieron asimismo un cuantioso botín de guerra compuesto por 150 fusiles Máuser, 60 Remington, 6 cajas de municiones, caballos de los oficiales y de la tropa, las acémilas, los equipos, el botiquín, la bandera y la documentación del Archivo, por las cuales se pudo identificar la columna destrozada. En aquel combate, el Ejército Libertador causó alrededor de 200 bajas al ejército español.

La victoria mambisa hizo posible la entrada victoriosa de la invasión en el centro y el occidente del país como lo habían planificado Gómez y Maceo, y constituyó un golpe desmoralizador para España que, en lo adelante, le fue casi imposible mantener la producción azucarera en la Isla al extenderse la guerra a todo el país e incrementarse el espíritu de lucha independista de los criollos.

 


[1] Documentos relacionados con la Batalla de Mal Tiempo. Disponibles en la Enciclopedia Colaborativa EcuRed, consultada en línea el 14 de diciembre del 2015.

[2] Ibídem.

[3] Eran jóvenes campesinos denominados quintos, quienes fueron sacados de sus aldeas para convertirlos en improvisados soldados que manejaban con torpeza los máuseres modelo 1893, cuya longitud sacaba dos palmos a la estatura de casi todos. Consultado en: Wejebe, J., (2014) Batalla de Mal Tiempo: machetes contra máuseres [Versión digital].

[4] Wejebe, J., (2014) Batalla de Mal Tiempo: machetes contra máuseres [Versión digital].

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