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Calixto García Íñiguez: El león holguinero

Categoría: Historia
Escrito por Rosa María Panadero Vega
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260px Calixto garciaApenas tres días habían transcurrido desde que Carlos Manuel de Céspedes alzara la bandera de la independencia aquel glorioso año de 1868, y la finca Santa Teresa en el poblado de Jiguaní, sería testigo del bautismo de fuego de Calixto García Íñiguez, patriota excepcional y defensor acérrimo de los ideales libertarios del pueblo cubano contra la metrópoli española.

Durante la Guerra de los Diez Años, el joven que había nacido el 4 de agosto de 1839, libró los más peliagudos combates que le fueron granjeando el respeto y la admiración de sus compañeros de lucha, entre ellos los ataques a Jiguaní, Holguín y Manzanillo.

Con acertadas y decisivas muestras de arrojo, demostró desde los primeros instantes del inicio de las hostilidades sus brillantes capacidades militares y organizativas, particularmente en el empleo de la artillería, el sitio de ciudades y poblaciones, además del ataque a grandes columnas enemigas.

El 6 de septiembre de 1874, hallándose acompañado solamente por unos 20 efectivos, los ibéricos lograron cercarlo en San Antonio de Baja, cerca de Veguitas, en Bayamo. Ante tal situación prefirió morir antes de caer en manos de los españoles y se disparó en la boca. Su frente quedó marcada para siempre por la salida del proyectil.

“Calixto García no necesita encomio: lleva su historia en su frente herida. El que sabe desdeñar la vida, sabrá siempre honrarla[1]”, así expresó nuestro Héroe Nacional José Martí al referirse al prócer holguinero que peleó en las tres guerras independentistas del siglo XIX contra los peninsulares.

Luego de cuatro años de destierro en las cárceles de Pamplona y Alicante, fue puesto en libertad el 29 de mayo de 1878, a causa del Pacto del Zanjón. Junto con Martí, Maceo y otros patriotas, se opuso enérgicamente a dicho manuscrito donde se recogían las bases para poner fin a la guerra, sin contemplar los dos principales objetivos por los que se había derramado tanta sangre cubana: la independencia de la Isla y la abolición de la esclavitud.

Transcurría la Tregua Fecunda, y sus esfuerzos por mantener el espíritu revolucionario vivo continuaron, razón por la cual intentó organizar varias expediciones, sin éxito alguno, con la finalidad de continuar la contienda libertaria. El 24 de marzo de 1896 desembarcó en el vapor Bermuda, al frente de 78 expedicionarios por Maraví, a 10 kilómetros al noroeste de Baracoa, con el afán de incorporarse de inmediato a la denominada Guerra Necesaria.

La caída en combate de Antonio Maceo constituyó el detonante fundamental para que fuese nombrado Lugarteniente General del Ejército Libertador, manteniendo el cargo de jefe del Departamento Oriental. Por esta época combatió valientemente en Cambute, Jiguaní, Las Tunas, Guisa y Bayamo.

Al intervenir los norteamericanos en la Guerra Hispano-Cubana, les presentó un plan para derrotar a los españoles en poco tiempo. Este, a pesar de ser aprobado, no fue aplicado en todas sus partes por las fuerzas invasoras norteamericanas, lo cual provocó que inicialmente sufrieran bajas relevantes, por lo que se vieron obligadas a recurrir al jefe mambí, quien con sus indicaciones logró encauzarlas por los caminos del triunfo.

Indignado por la decisión de los estadounidenses de impedir la entrada de los cubanos a Santiago de Cuba una vez consumada la victoria, renunció al cargo de jefe del Departamento Oriental y el 17 de julio escribió una carta de renuncia al jefe de las fuerzas norteamericanas, General William Shafter, revelándole con crudeza las verdaderas intenciones de la ocupación del país: “No somos un pueblo salvaje que desconoce los principios de la guerra civilizada: formamos un ejército pobre y harapiento, […] como lo fue el ejército de vuestros antepasados en su guerra noble por la independencia […] pero, a semejanza de los héroes de Saratoga y de Yorktown, respetamos demasiado nuestra causa para mancharla con la barbarie y la cobardía[2]”.

Entre el 16 y el 17 de agosto de 1898, encauzó con aires de nostalgia beligerante el combate de Auras, último de la guerra. El 13 de septiembre, el Consejo de Gobierno lo destituyó del cargo de Lugarteniente General del Ejército Libertador por considerar que había dejado de merecer su confianza. Nueve días después hizo su entrada en Santiago de Cuba donde fue objeto de un gran recibimiento popular.

Calixto García Íñiguez, el valeroso General de las tres guerras patrias, murió el 11 de diciembre de 1898 en Washington, mientras sostenía conversaciones con el gobierno norteamericano para procurar el reconocimiento de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana como órgano para establecer las bases del licenciamiento del Ejército Libertador.

Fue enterrado con honores militares en el Cementerio Nacional de Arlington en la capital estadounidense y posteriormente trasladado a La Habana a bordo del buque de guerra US Nashville. El 9 de febrero de 1899 llegó el cadáver a la capital donde fue velado en el Palacio de los Capitanes Generales.

Finalmente, en 1980 sus restos fueron trasladados a su natal Holguín y depositados en el Mausoleo que se construyó en la Plaza de la Revolución que hoy lleva su nombre, erigido como un sitio de homenaje perenne a un mambí de talla excelsa.

 


[1] Colonia: 1879-1899, disponible en Archivo Histórico Provincial de Holguín.

[2] Documentos relacionados con Calixto García Íñiguez, disponible en la Enciclopedia Colaborativa EcuRed, consultada en línea el 10 de diciembre del 2015.

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