Un tratado que decidió qué países de América hablarían Español y cuáles Portugués; una ciudad entera desaparecida en un día producto del… ¿castigo divino?; la razón por la que el símbolo de Apple es una manzana mordida… Todos estos hechos tienen algo en común, y si quiere saber más, siga leyendo.
El Tratado de Tordesillas se firmó el 7 de junio de 1494. ¿Por qué es tan importante? Veamos: por un lado, los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, por el otro, Juan II de Portugal. El motivo de la pelea: América, o deberíamos decir “el nuevo mundo”, pues todavía no nos llamábamos como ahora. El importante tratado pasaba una línea recta en un mapa y decidía, así, como quien no quiere la cosa, que todo lo que quedara en un lado era de España, y todo lo que quedara en el otro, de Portugal.
Los que llevaban milenios viviendo aquí, ni se enteraron. Pero, gracias a eso, hablamos español, mientras otros hablan portugués. Tal cual. Por cierto, uno de los artífices de esta gran idea fue nada menos que el Papa Alejandro VI, nuestro querido Rodrigo Borgia, famoso por sus malas mañas y por las de sus retoños César y Lucrecia. Una familia poco convencional con mucho talento, ambiciones, y cierta afición a envenenar gente.
Port Royal, en español Puerto Real, fue la sede del gobierno británico en Jamaica y la principal base pesquera y comercial de la isla durante el siglo XVII. Además, era refugio de un enorme número de piratas y corsarios que bajo en amparo inglés, atacaban barcos españoles y franceses. La ciudad era lo que, incluso en nuestra época más tolerante, llamaríamos un verdadero antro de perdición. Se manejaba alcohol en proporciones desorbitadas, mucha prostitución y violencia, en fin, todas esas cosas que las películas romantizadas de piratas no nos quieren contar. Los puritanos le auguraban a Port Royal el castigo de Dios, ser borrada del mapa entre fuego divino y sufrimiento. Y en realidad, algo muy parecido fue lo que pasó.
Fue destruida por un gran terremoto el 7 de junio de 1692, alrededor de mediodía. Recientes investigaciones han descubierto que toda la ciudad estaba construida sobre una franja de arena, que se fue licuando entre el terremoto y los sucesivos tsunamis, más de uno, que lo siguieron. Incendios, inundaciones, el suelo cediendo bajo los pies de los habitantes en una especie de enorme arena movediza… La mitad de la población murió o desapareció en un día, provocando uno de los mitos más interesantes y morbosos de la América colonial temprana: el mito de Port Royal, la Sodoma Moderna, castigada por sus pecados.
Alan Turing nació muchos años después, el 23 de junio de 1912, y a pesar de sus grandes logros, entre los cuales se encuentra ser el padre de la informática moderna, tuvo una triste y misteriosa muerte el 7 de junio de 1952, con tan solo 41 años.
El británico fue matemático, lógico, científico de la computación, criptógrafo, filósofo, maratoniano y corredor de ultra distancia. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en descifrar los códigos nazis, particularmente los de la máquina Enigma, y durante un tiempo fue el director de la sección Naval Enigma de Bletchley Park. Se ha estimado que su trabajo acortó la duración de la guerra entre dos y cuatro años. Tras esta, diseñó uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales en el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido, y poco tiempo después construyó otra de las primeras máquinas en la Universidad de Manchester.
Pero este gran genio, que tanto aportó a su país y al mundo, tenía un punto débil. Era homosexual, y en su época, esto era delito. Enfrentado a los cargos, Turing reconoció su homosexualidad, con lo que se le imputó por “indecencia grave y perversión sexual”, lo mismo que destruyera 50 años antes a otro gran genio, el escritor Oscar Wilde. No pidió disculpas ni se defendió, y fue condenado.
Se le dio la opción de ir a prisión o someterse a castración química mediante un tratamiento hormonal de reducción de la libido. Se trataba de unas inyecciones de estrógenos, famosas por provocar importantes alteraciones físicas, como la aparición de pechos o un apreciable aumento de peso, y normalmente conducían a la disfunción eréctil. Vaya “cura”, ¿eh? Alan Turing fue repudiado y su carrera profesional pasó al olvido. Dejó de ser un orgullo para ser una deshonra de su país.
Esta gran injusticia melló en su carácter, hasta el punto de llevarlo al suicidio, en 1954, por envenenamiento con cianuro tras comerse una manzana envenenada que no llegó a ingerir entera. El 10 de septiembre del 2009, el primer ministro del Reino Unido emitió un comunicado declarando sus disculpas en nombre de su gobierno por el trato que recibió Alan Turing durante sus últimos años de vida. Este comunicado fue consecuencia de una movilización pública, y finalmente, el 24 de diciembre de 2013, recibió el indulto de todo tipo de culpa, por orden de la reina Isabel II. Es en honor a este genio que el logo de Apple es una manzana mordida.