No en vano la llamaron Celia, que significa “celestial”, ese 9 de mayo de 1920 allá en Media Luna nacía una “estrella” y es por eso que Esther fue su segundo nombre y de los Desamparados, como predestinada porque para esos dedicó toda su vida a luchar por los más desprotegidos.
Recibió en el hogar las más elevadas ideas de justicia y de dignidad humana, de su madre y de su padre, fervoroso martiano que junto a Celia colocó en la cima del Turquino la escultura de Martí que la corona, adquirida de su patrimonio personal.
Celia Sánchez, la más autóctona flor de la Revolución, como la llamara Armando Hart, la combatiente íntegra, la guerrera amada por toda Cuba, supo desde muy temprano de qué lado estaría la causa de su vida; y ese accionar sin descanso por los más humildes y para los humildes lo aprendió de José Martí, de la mano de su propio padre.
Con increíble audacia, aprovechando su conocimiento de la zona, el prestigio suyo y de su familia acomodada, y la simpatía que siempre irradió, Celia bajo los seudónimos de Aly y Norma realizó un magnífico trabajo de organización de células del M-26-7 vinculada con Frank País de quien se convirtió en segura, hábil y valiente guerrillera clandestina.
Fue de las primeras mujeres en empuñar las armas. Desempeñó un decisivo papel en la preparación del desembarco del Granma en la provincia de Oriente, donde organizó a los campesinos de la zona para que les ofrecieran apoyo a los expedicionarios.
Como ayudante del Comandante en Jefe, se encargó tanto de asuntos políticos como de guerra, se preocupó por el funcionamiento de las escuelas en las montañas y del estado de los hospitales guerrilleros.
Asimismo, se interesó por la situación de cada familia campesina y se dedicó a recopilar toda la documentación de la lucha en la Sierra Maestra, y su minuciosidad propició la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado en el año 1964.
Del mismo modo en que se desenvolvió en la lucha antes del triunfo del 1ro de enero de 1959, después de ese acontecimiento no existió en la Isla obra social de la dirección revolucionaria a la que Celia no dedicara total entrega.
Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista y de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas, además de Secretaria del Consejo de Estado y diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Con mucha frecuencia la veían de paseo, en su cuña descapotable roja, repleta de niños desaliñados y que posteriormente bañaba, alimentaba y educaba. Y cuentan de aquel año, en que hizo el censo para que cada uno recibiera su regalo de día de reyes.
La llamaban el alma de los necesitados, nunca tuvo dolores de parto, pero forjó cual Madre esta Revolución hasta su Triunfo. No tuvo hijos biológicos, pero es considerada la Madre adoptiva de muchos cubanos, porque todo niño desprotegido que viera lo tomaba en sus brazos y lo cuidaba cual madre que ama a un hijo.
Y no es casual que este 9 de mayo celebremos dos fechas importantes, el Día de las Madres y el natalicio de una de las más grandes mujeres ligadas entre sí por ese sentimiento maternal que la inundaba; y aunque físicamente no está entre nosotros su estrella celestial nos guía en todo momento, recordándonos que esta es una Revolución por y para los humildes, porque Celia fue una Mujer con Alma de Madre.