Próximo a la localidad de Dos Caminos, en el roce del filo entre los ríos Ulloa y Guaninicum de San Luis en Santiago de Cuba, se encontraba emplazado el entonces ingenio La Mejorana. Cada 5 de mayo la historia convida a los pasajes del año 1895, durante la reunión en aquel sitio de José Julián Martí Pérez, Antonio Maceo Grajales, y Máximo Gómez.
El entonces hogar de Germán Álvarez, administrador de la colonia de cañas, hizo parte de los pasajes de la Revolución Cubana a una casa espaciosa para la cita, a la cual asistieron un total de 18 personas.
En el medio de la mesa servida con los alimentos, tendida junto al framboyán del patio, acudieron por un asiento, entre otros, Jesús Rabí y José Maceo. Los escenarios del debate entre estas tres personalidades de las guerras por la independencia se movieron de sitio constantemente.
Los temas de discordancia que condujeron a que Martí y Gómez mantuviesen una postura contraria a la de Maceo, aludían, en primer lugar, a los lastres de la Guerra Grande y la Chiquita en relación con los poderes militar y civil.
Las experiencias negativas en torno a las interdependencias de uno y otro mando, con el desbalance desmedido de la autoridad de uno sobre otro dejaban mucho por decir, haciendo a un lado los posibles silencios. El Apóstol aspiraba a un Gobierno en la manigua, y a la estabilidad entre ambas direcciones. Este primer punto cerró con la propuesta de Antonio Maceo para el envío por la provincia de Oriente, de cuatro delegados.
A poco tiempo después, las exigencias del contexto reclamarían la consecuente creación del Gobierno y la Asamblea, uno de los móviles de las conversaciones en La Mejorana.
A Maceo también le disgusta en un segundo momento la designación de Flor Crombet para la expedición y los fondos empleados en esta. Durante el abordaje de un tercer aspecto, discurren acerca de la invasión a Occidente y los mandos del Ejército. Una visión era del criterio de atajar al enemigo y establecerse en Camagüey, la del Héroe Nacional se movía más rápido en sus ideas para, una vez instaurado el Gobierno en este territorio, dirigirse hacia la parte occidental del país.
De igual forma, se discutió la salida de José Martí hacia el exterior para apoyar el curso de la revolución, lo cual tampoco fue consentido por el Delegado, ya fuese por el ímpetu de asistir a los combates o la necesidad de entrevistarse con Salvador Cisneros Betancourt y Bartolomé Masó.
Si bien es cierto que Antonio Maceo albergó en dos vivencias recelos breves hacia Gómez y el Maestro por el encontronazo en Santiago, dicha actitud fue corregida en unas pocas horas con el recibimiento de todas sus tropas a sus amigos, mediante los mayores vítores y atenciones.
El encuentro de La Mejorana hizo perfectible el curso de los acontecimientos históricos, no figuras esculpidas e intocables, sino como experiencias tangibles y humanas de sus protagonistas.
La unidad de estos colegas y compañeros de sólida estirpe revolucionaria, de un carácter de leones apasionados o curtidos en el campo de batalla, se reflejó en la toma de decisiones puntuales pese a las diferencias, así como en la continuidad de la guerra. Es, sin duda alguna, uno de los pasajes más significativos y determinantes de todos los tiempos.