Hace unos años escuché mencionar, por alguien, que una descendiente de Candelaria Acosta Fontaigne, “Cambula”, aún vivía en Santiago de Cuba. A pesar de mis intentos de "dar" con ella jamás lo conseguí; hubiese sido una historia digna de contar. No obstante, el legado de su pasado la precede, convirtiéndola en heredera de una estirpe invaluable.
Cambula, "la campesina mestiza que amó Carlos Manuel de Céspedes", es oriunda del pueblo de Veguita, Manzanillo, muy cerca de La Demajagua, en la provincia de Granma. Nació el 2 de febrero de 1851 en Veguita. Su padre era jefe de campo, mayoral, del ingenio, y su infancia transcurrió en la hacienda propiedad de Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de las luchas por la independencia de Cuba.
Solo tenía 17 años cuando su padre, durante una de las reuniones preparatorias para el alzamiento independentista, ofreció sus servicios a Céspedes para confeccionar la bandera de la insurrección. Pero, a pesar de los esfuerzos no pudieron obtener la tela necesaria para confeccionar el pabellón, entonces, la joven decidió armarla con un vestido azul, un retazo blanco y un mosquitero rojo de su padre.
Al enviudar Carlos Manuel de Céspedes en 1868, Cambula estableció una relación amorosa con el hacendado. De esta unión extramatrimonial del Padre de la Patria cubana nacieron dos hijos: Carmita y Manuel. La niña en campo insurrecto, durante la guerra, y el varón en el exilio de Cambula en Jamaica.
Luego regresó a Cuba en 1881 junto a Carmita y Manuel y se casó con el catalán Antonio Acosta, con el que tuvo otros dos hijos, Ernesto Amado e Isabel.
Al estallar la Guerra del 95 y ver que su hijo Manuel no se aventuraba a lanzarse a la manigua le increpó con duras palabras:
"Parece mentira que tú, siendo hijo de Carlos Manuel de Céspedes, estés todavía aquí".
El 20 de mayo de 1902, día del nacimiento de la República de Cuba, se presentó en la Cámara de Representantes junto a su hijo Manuel para entregar la bandera confeccionada por ella y enarbolada por Céspedes en La Demajagua. Desde entonces este pabellón presidió desde un lugar de honor las sesiones del Congreso.
Cuando en 1928 se dio a conocer que el gobierno español, en gesto de buena voluntad, devolvería al pueblo de Cuba la “bandera de Céspedes” que se encontraba en el Museo de Artillería de Madrid como trofeo de guerra, surgieron dudas sobre la autenticidad de la que se encontraba en la Cámara de Representantes.
Finalmente, se pudo comprobar que la bandera que presidía la Cámara de Representantes era la confeccionada por Cambula, lo que fue ratificado por la misma anciana en una visita que realizó al Congreso y en la que expresó emocionada:
"¡Esta es la bandera! La misma que confeccionaron mis manos el 9 de octubre de 1868. No es otra. La reconozco en la franja azul que recorté de un vestido mío. No es la emoción la que me obliga a decirlo, sino la propia bandera que tengo delante de mí".
En esa misma sesión, los congresistas acordarían de forma unánime colocar el retrato de Cámbula en la Biblioteca de la Cámara de Representantes y una tarja en el hemiciclo con su nombre y el de Felicia Marcé, la bayamesa que a petición de Céspedes había confeccionado la bandera que se utilizó en el Tedeum y que Canducha Figueredo paseó por las calles de la recién liberada Bayamo, el 22 de octubre de 1868.
Cambula falleció el 23 de mayo de 1935, con más de ochenta años, y fue enterrada en el panteón familiar, muy cerca de la tumba de Carlos Manuel de Céspedes.