Más de cien combates a su cargo, la transferencia de toda fortuna a la causa independentista, y uno de los protagonistas de la Protesta de Baraguá junto a Antonio Maceo. Así sería recordado el General santiaguero José Lacret Morlot, quien el 21 de marzo de 1896 se enfrentase a las tropas españolas en el ingenio España de Matanzas.
Hijo de la tierra Oriental y descendiente de familias francesas, nació rodeado de todas las comodidades y los lujos que le podía ofrecer el negocio cafetalero de sus padres. Bienes y riquezas obtenidos que él destinó a lo largo de su vida al desarrollo de las guerras por la independencia de Cuba.
En 1868 se destacó en el enfrentamiento de El Cobre. Marchó a Jamaica, a su regreso fungió como prefecto de la zona de Guanimao, ubicada en la región de la Sierra Maestra. Desde allí compartió con el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, en la Finca San Lorenzo.
Estuvo presente en la Llanada de Juan Mulato, en la zona de Paraíso en San Luis; y una vez más se dirigió a la nación jamaicana como intermediario, para conciliar la prestación monetaria de aquel país, en pos a la causa. Lacret, asistió a la organización de la Guerra Chiquita, y fue preso en las cárceles de Saladero en Madrid.
En la Guerra del 95ʼ, estuvo presente en Las Villas, desde el alzamiento en Sagua La Grande; llevó adelante los cercos al soldado español en los pasajes de Quita Pesares, Ingenio Saratoga, Josefa, Lagunillas, y más de 180 despliegues militares, con la destrucción de una centena de ingenios.
Una vez depuesto de su cargo, lo designan como delegado y presidente a la Asamblea Constituyente de La Yaya. Aunque posteriormente asumió proyectos interrumpidos, como el puesto de Jefe interino de la Brigada de la Trocha, y la invasión a Puerto Rico, no cesó en su misión de consolidar la lucha en la zona matancera del país.
Instaurada la República de Cuba, estimuló el desenvolvimiento de la marina mercante a través de la creación de un diario con este propósito, el de La Marina Cubana. Figura en su acción ideológica, además, la sólida oposición a la Enmienda Platt como electo a la Asamblea Constituyente en el año 1901.
La vida de José Lacret Morlot es incansable, así como su persona. Devela en esta la fidelidad hacia sus propios ideales patrióticos, la sencillez, y la presencia en incontables combates, en los cuales se sobreponía a las heridas físicas.