“La penúltima partida de ajedrez de Céspedes”

Categoría: Historia
Escrito por Milagros Alonso Pérez/Foto: Tomada de Internet
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cespedesajedrezEl lugar acoge a quienes deciden asistir a su naturaleza con el frescor de una temperatura menos agresiva en lo tropical; el área exhibe la vegetación de los bosques, los herbazales, la manigua, el aroma de las plantaciones de café. Y en medio del asentamiento en la Sierra Maestra se erige San Lorenzo como un sitio de acontecimientos históricos.

Desde el escondite para los cubanos patriotas de la lucha contra la represión española, el monumento a Carlos Manuel de Céspedes, su cercanía a donde se constituyó el Tercer Frente Oriental, hasta ser escenario para las guerras de liberación nacional.

Allí durante la ocupación de España las familias de los mambises vivían de los frutos del trabajo del hombre provenientes de la tierra. En sus bohíos, pertenecientes a las prefecturas mambisas, un hombre apartado de la traición y la sedición educaba a niños, caminaba por el terreno angosto y escarpado, o jugaba ajedrez.

Tras la oposición interna de la Cámara de Representantes, los seguidores de Miguel Aldama y otros enemigos, Céspedes fue depuesto de su cargo ejecutivo como primer Presidente de la República de Cuba en Armas. Tras las acusaciones a su personalidad de dictador antidemocrático, se escondían los verdaderos intereses que durante décadas frenaban la independencia de Cuba.

Estos fueron el regionalismo, el caudillismo, la desunión entre los cubanos. Por esta razón el Padre de la Patria escogió deponer antes que empuñar las armas junto a sus hombres, evitando así el enfrentamiento de cubano a cubano. Ese hubiese sido el fin de la revolución y sus tradiciones.  

Depuesto en la quietud de sus pensamientos desde la finca San Lorenzo, impartía clases a los infantes, les enseñaba a leer, escribir. Mientras el hábil maestro ejercitaba su mente y aprendía junto a ellos. Un día antes de su muerte, recibió la visita de José Lacret Morlot, capitán del Ejército Libertador, con el cual jugó su penúltima partida de ajedrez el 26 de febrero de 1874.

Morlot se había destacado en el enfrentamiento de El Cobre desde 1868, y tras su regreso de Jamaica fue nombrado como prefecto de Guanimao, donde se encontraba ubicada la finca en ese tiempo.  
Carlos Manuel, por su parte, estaba a la espera del pasaporte para su salida del país, la muerte acechaba de la mano de la traición, y él lo presentía.

Hubo nuevas señales al próximo día ante la presencia de una columna española, y el mismo 27 de febrero se instauró una persecución-enfrentamiento que puso fin a su existencia. La causa de muerte identificada biológicamente fue una bala en el corazón. Pero los integrantes del gobierno de la República en Armas ya lo habían asesinado al no permitirle una escolta, o el acto indigno y cobarde de aquel que reveló su ubicación.

Su última partida de ajedrez fue con Pedro Maceo Chamorro. De Céspedes supieron los campesinos, sus hijos y los amigos que quedaban aún en las peores circunstancias. En Santiago de Cuba se instalaron sus restos mortales, y en el corazón de un pueblo se colocó desde lo más alto a uno de los iniciadores de las guerras por la independencia. Ese, a quien no cedió al contrincante ni su último alieno. Como expresó Manuel Sanguily:

Céspedes no podía consentir que a él, encarnación soberana de la sublime rebeldía, le llevaran en triunfo los españoles, preso y amarrado como un delincuente. Aceptó solo, por breves momentos, el gran combate de su pueblo: hizo frente con su revólver a los enemigos que se le encimaban, y herido de muerte por bala contraria, cayó en un barranco, como un sol de llamas que se hunde en el abismo”.

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