En el recuerdo de vivencias para algunos, de historias y mitos según otros, se eternizarán los hombres dignos de ser admirados. Uno de esos incansables compañeros de “cien batallas” nace el 6 de febrero de 1932. Tuvo muchas aficiones: el béisbol, las artes, hacer amigos, ser carismático… pero la que más lo inmortalizó es la lucha constante por la justicia y el bien común.
Él estuvo entre los expedicionarios que desembarcaron en las costas sur de Oriente en 1956, también sostuvo largas caminatas junto a Juan Almeida y Fidel Castro tras el revés de Alegría de Pío. En Arroyo del Infierno y durante el ataque al cuartel de La Plata demostró su valía desde el frente de combate de la Sierra Maestra.
Al año siguiente la Columna No. 1 José Martí era reestructurada, y él asumía el mando de la vanguardia junto al grado de teniente. También fijó su estampa en los enfrentamientos del cuartel del Uvero y en Pino del Agua, al igual que en Alto del Cojo y Mar Verde, cuando ya pertenecía como jefe del Pelotón de la Vanguardia a la Columna No. 4 de Ernesto Guevara de la Serna (Che).
Cada herida de bala devenía en aprendizaje, una fortaleza con la cual vencía dentro y fuera de la serranía. Así llegó a ser Comandante y jefe de la Columna No. 2 Antonio Maceo. El que reeditaría las hazañas mambisas para concluir la invasión al centro de Cuba, y luego hasta Pinar del Río. Quien estuvo junto al Líder Histórico de la Revolución Cubana para decirle con humildad ante una interrogante: “¡Vas bien Fidel!”
El que fuese Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde una vez instaurado el nuevo gobierno revolucionario, también expresó en 1959 a la prensa: “Yo no estoy contra Fidel ni en un juego de pelota”. Como quedarían fijadas, de igual forma, en las páginas de la historia su discurso o testamento político final:
“(…) Porque hoy se demuestra que lo mismo que supieron morir veinte mil cubanos por lograr esta libertad y esta soberanía, hay un pueblo entero dispuesto a morir, si es necesario, por no vivir de rodillas.
“Porque para detener esta revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si eso llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/ nuestros muertos, alzando los brazos/ la sabrán defender todavía.
¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde!”
El Señor de la Vanguardia, el Héroe de Yaguajay era conocido, además, por sus nombradas “Camiladas” o bromas con sentido del humor del bueno. Cuando Ernesto Guevara dormitaba, él lo despertaba de su hamaca haciéndolo caer del reposo con sobresaltos. La alegría y el ánimo no faltaban, ya que como reflejaría tiempo después: “Eso, sinceramente, nos ha dado risa”.
En cada aniversario de su natalicio, su imagen cobra forma en la mente como el pasaje de alguien conocido y cercano: la piel fornida y tersa, la mirada cándida, las manos firmes para disponer de su sombrero, la eterna danza de sus cabellos junto a la barba, la determinación de su talle y la vibra contagiosa de su sonrisa.
Todo en él reluce como el día en que lo nombramos y conocimos por vez primera en esta Patria que honra a sus héroes y mártires. Su nombre: Camilo Cienfuegos Gorriarán.