Haydée Santamaría, entrañable para Fidel

Categoría: Historia
Escrito por Aída Quintero Dip
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haydeUna singular cubana que prestigió a la Revolución y supo aunar para la creación, como una virtud excepcional, fue Haydée Santamaría Cuadrado, Yeyé, que se convirtió en la María de la clandestinidad para ser definitivamente la Heroína del Moncada.

Entrañable para el Comandante en Jefe Fidel Castro por su dimensión humana y revolucionaria, de profunda vocación martiana, aquella muchacha dulce, apacible y mirada penetrante, había nacido el 30 de diciembre de 1922, en Encrucijada, antigua provincia de Las Villas, hoy Villa Clara, para ser un puntal en la lucha emancipadora y en la edificación de la nueva Cuba.

Ella siempre despertó un cariño muy especial de los compañeros de armas, sobre todo de Fidel, quien invariablemente sintió en Haydéela presencia de su hermano, el intrépido y generoso Abel Santamaría, segundo jefe del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.

Testimonios que quienes la conocieron bien revelan la primera vez que la vieron sonreír de nuevo, luego de la lacerante pérdida de Abel, y fue cuando Fidel le dio la misión de editar 100 mil ejemplares y distribuir la Historia me absolverá.

Mujer audaz, con el donde la inteligencia y la expresividad, no pudo ocultar la indescriptible alegría que la conmovió aquella vez que se encontró con el líder rebelde en plena Sierra Maestra, en busca de los caminos de la libertad.

Compañeros de avatares e ideales evocaban siempre facetas poco conocidas de Yeyé sobre el cumplimiento de una misión por ocho meses en los Estados Unidos, para recaudar fondos y armas con el propósito de abastecer al movimiento revolucionario en la isla.

Muestra de su entereza y espíritu de sacrifico, dio una alta prueba de patriotismo al asumirla pues decía que no podía faltar a una orden de Fidel, a pesar de su gran necesidad manifiesta de permanecer siempre en la Patria.

Nunca la abandonó la fe en la victoria, su lealtad al líder rebelde y en quienes se arriesgaron por conquistarla, por eso aquella ocasión en que Fidel, Raúl, Almeida, Ramiro y los otros asaltantes al Moncada salieron de la cárcel de Isla de Pinos, ella evaluó el hecho escueta y elocuentemente: “Fue vivir otra vez”.
Cuando Fidel colocó en su pecho la Orden Ana Betancourt hacía justicia, porque él mismo había expresado refiriéndose a ella y a la también Heroína Melba Hernández, en su autodefensa por los sucesos del Moncada: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto el heroísmo y la dignidad de la mujer cubana”.

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