Su sangre no fue derramada en vano, acrecentó el deseo de luchar de los jóvenes de aquel momento, que aún después de su muerte honraron su nombre, lo glorificaron como él lo merecía.
Ese 30 de julio de 1957 las calles de Santiago de Cuba lloraron, cada callejón, cada escondite, cada casa que utilizaba para fraguar su lucha se vieron plagadas de una incontenible tristeza, les faltaría un excelente líder que por sobre todas las cosas anhelaba su Patria libre y por eso luchó cada segundo hasta su deceso.
Apenas rebasaba la veintena de años y ya Frank País García había hecho historia y grabado su nombre con letras indelebles entre los mejores hijos de Cuba. Pasó a la eternidad con apenas 22 añitos en plena flor de la juventud, pero nos dejó su heroicidad y valentía.
Era noble, serio, y al mismo tiempo muy alegre, amante de diversiones juveniles, la música, fiestas, y se dedicaba a las artes plásticas de forma aficionada.
Pocos saben que lideró una iglesia cristiana sí y que evangelizaba como nadie, que amaba mucho a Dios, pero también a su Patria la cual añoraba soberana, esa era su gran pasión. Predicaba como nadie Romanos 13 que exhorta a bendecir tu nación, solo que en esta ocasión no a los gobernantes que tenían sometido en un yugo el suelo patrio.
Maestro de profesión, graduado en la tradicional y prestigiosa Escuela Normal de Santiago de Cuba, su cuna fue muy humilde, la de dos modestos emigrados españoles de Galicia. El padre, pastor protestante, y la madre, quien resultó el horcón de la familia con la muerte temprana del progenitor.
Ambos instituyeron en él valores como la honestidad, el decoro, la generosidad, el amor al suelo natal. Se hizo martiano desde muy joven y era fiel al ideario de José Martí. Por eso militó desde la adolescencia en diversas organizaciones estudiantiles de la Enseñanza Media, en la que tuvo un papel destacado en pos de lo justo.
Frank no reposó un instante, a riesgo de su vida. Se encontró con Fidel Castro en la Sierra Maestra en febrero de ese año y no cesó en el trabajo organizativo de enviar apoyo de hombres, armas y medicamentos a la lucha armada iniciada en la cadena montañosa.
Sus compañeros de entonces lo recuerdan como un ser lleno de luz, animado por el fuego sagrado de sus convicciones y de la necesidad de la lucha que creía lo más justo para la Patria.
“¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad, que han asesinado. No sospecha siquiera el pueblo de Cuba quién era Frank País; lo que había en él de grande y prometedor. (...) Frank País, el más valioso, el más útil, el más extraordinario de nuestros combatientes”.
Así lo definió Fidel al conocer su trágico desenlace. Día funesto en que el jefe del Movimiento 26 de Julio en el llano, el David de la clandestinidad, fuera reconocido por un vil chivato y asesinado a mansalva por la jauría de fieras dirigida por el teniente coronel José María Salas Cañizares, alias Masacre.
Por entonces era Frank el hombre más buscado de Cuba. Su cabeza no tenía precio. De ahí la intensidad de los registros en su búsqueda y la extrema crueldad con que los esbirros se cebaron con él. Fueron 36 disparos a quemarropa. A su lado sucumbió de manera heroica su hermano de ideales Raúl Pujol.
Nadie ha olvidado esa jornada en la cual madres patriotas especialmente acompañaron a Doña Rosario, la corajuda progenitora de Frank País, aquel jovencito que tanto había hecho por la Patria en su corta vida truncada.
El 26 de julio de 1959, en el propio cuartel Moncada se declaró la fecha de su vil asesinato como Día de los Mártires de la Revolución, en homenaje a todos los inmolados en la causa de la libertad. Frank había sobrevivido solo un mes justo a su hermano Josué, masacrado en otro crimen de la dictadura junto a otros luchadores.
En el momento de su muerte, Frank era miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, fundado en 1955 por Fidel antes de partir al exilio. Dirigía el frente de Acción y Sabotaje, responsabilidad que lo hacía desplegar una acción incesante, arriesgada y sin cuidarse un ápice, por toda la ciudad.