Nuestra preciada y virtuosa otrora villa llega a su aniversario 505 mucho más crecida en su extraordinaria gesta, no solo por todo cuanto ha hecho en el universo social, político y económico para enriquecer la grandiosa obra, sino además por las sobradas muestras de responsabilidad, solidaridad, humanismo y amor dadas por sus hombres y mujeres ante circunstancias inesperadas en la víspera de su festividad.
Cuando hace solo poco más de seis meses dábamos la bienvenida al nuevo año y los besos y abrazos colmaban la emoción de todo el pueblo al desearnos mucha salud y prosperidad, y vitorear las siempre ¡Vivas a la Revolución!, no imaginábamos, entonces, que una nueva prueba de valor pondría de pie a los cubanos. Esta vez no sería para batallar con armas o con ideas, sino para enfrentar con altruismo impar la aparición de una pandemia letal, la COVID-19.
De hecho, al llegar aquí, el referido virus ya se multiplicaba por el mundo y el problema no sería solo para resolver hacia adentro, el desafío recababa de la solidaridad, nada ajeno a lo que siempre hemos hecho. Se alistaron todas nuestras fuerzas con mesura, inteligencia y entrega sin límites para detener y acabar con la agresiva dolencia en todo el país y diseminar la sapiencia de batas blancas por muchos países afectados. El resultado está a la vista.
En medio de toda esa difícil situación, no exenta, estaba Santiago de Cuba, que ya había enrumbado sus aspiraciones hacia la celebración de su onomástico 505, pero ahora, después de tres meses de cruenta lucha, ya se empina, propio de su naturaleza optimista y asegura, como parafraseando la conocida canción, que nada se ha perdido. No será la fiesta anhelada, no estaremos en carnaval, mas los nativos de la amada urbe colmarán de alegría sus viviendas, balcones y cuantos espacios revelen el auténtico orgullo de ser santiaguero; tendremos henchido el corazón, no solo por la batalla ganada, sentiremos la satisfacción de haber arribado a más de cinco siglos con la misma acometividad y arrojo de todos los tiempos para vencer las dificultades que aún están presentes, con la probada fortaleza de la unidad y la dimensión de los sentimientos de su memorable pueblo.