Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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“Si nos engaña la Intervención…”

intervencion“Hoy parece Cuba un país vencido, al que el vencedor, para evacuarlo impone condiciones, que tiene que cumplir precisamente, pues de lo contrario seguirá sometido a la ley del vencedor”. Con esta expresión el patriota Juan Gualberto Gómez reflexionaba acerca de los destinos del país, que serían sellados en gran medida el 22 de mayo de 1903, fecha en que se firmó un Tratado Permanente.

Quien tenga el poder económico dejará una senda segura al dominio político. Los últimos lustros del siglo XIX ya revelaban lo evidente en las relaciones hispano-norteamericanas, es decir, la penetración financiera de los Estados Unidos en la Mayor de las Antillas. La colonia todavía no vislumbraba la égida de un imperialismo incipiente.

Tiempo después, la dominación de la contrapartida de la Isla Filipinas en el océano Pacífico, y Puerto Rico en el Mar Caribe fue posible gracias al Tratado de París que enmarcaba los derechos y pérdidas de un vencedor y un derrotado, respectivamente.

Con atención, la nación cubana fue una de las adquisiciones más cotizadas que, al decir de esta y las intenciones del cazador, el viejo Marqués de Santa Lucía refirió: “que los americanos no vinieron a Cuba puramente por humanidad como pregonaban; sino con miras particulares y muy interesadas”.

Mientras la ocupación militar tenía lugar, ya se concebían de antemano las estrategias y el cuerpo jurídico para extender indeterminadamente en el tiempo las nuevas disposiciones. De ahí que el 22 de mayo de 1903 se firmó el “Tratado permanente determinando las relaciones entre la República de Cuba y los Estados Unidos”.

Este era el primero de una serie de tratados concebidos en ese año para respaldar el contenido de la Enmienda Platt, que requería a través de aquel documento asegurar el cumplimiento de su artículo VIII: “Que para mayor seguridad en lo futuro, el Gobierno de Cuba insertará las anteriores disposiciones en un Tratado Permanente con los Estados Unidos”.

No sólo eran desde el aspecto formal apéndices constitucionales con carácter de permanencia. Resultaban, a los efectos, una violación moral y legal de lo pactado en la Resolución Conjunta y el Tratado de París. Como consecuencia, aún el país sufre los resultados de un hecho acontecido el 22 de mayo pero hace 117 años atrás.

Con razón, las opiniones públicas de la época conciliaron en la canción patriótica anónima “El bolero de Mariano” lo siguiente: “Yo soy cubana, yo soy patriota/ Yo no transijo con la opresión;/ Yo quiero libre ver a mi patria/ De toda extraña dominación./ Y viva Cuba, viva el machete,/ Viva el valiente que lo empuñó:/ ¡Hurra! A los campos hijos de Cuba,/ Si nos engaña la Intervención”.

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