El Zanjón, un mal necesario

Categoría: Historia
Escrito por Milagros Alonso Pérez
Visto: 1845

baragua santiago de cubaDecía el Apóstol José Martí que “las etapas de los pueblos no se cuentan por sus épocas de sometimiento infructuosos, sino por sus instantes de rebelión”. Será por ese motivo que en la Historia de Cuba el Pacto del Zanjón, el 10 de febrero de 1878, fuese un mal necesario para la posterior existencia de una Protesta de Baraguá.


En aquellos años de la guerra, arribó a la Mayor de las Antillas Arsenio Martínez Campos frente al ejército colonialista, el cual era conocido con el nombre de El Pacificador. Su misión sería a través de diferentes tácticas militares y de negociación poner fin a la guerra.

Pero la lucha contra el gobierno español ya había cedido mucho antes de su arribo a través de las manifestaciones como el caudillismo, el regionalismo, las sediciones, la insubordinación a los altos mandos, expresiones de racismo, y la falta de unidad en el interior de las tropas mambisas.

Los precedentes elementos fueron utilizados por el estratega para llevar adelante su objetivo. Otro suceso detonante constituyó la captura en 1877 de Tomás Estrada Palma en la región de Tasajeras, el cual resultó deportado hacia un presidio al norte de España. Posteriormente, sus responsabilidades serían asumidas por Francisco Javier de Céspedes y Vicente García, en ese orden.

De ahí que se adicionasen factores como el desgaste por 10 años de incesante combate, la falta de una auténtica dirección y la escasez de recursos. Por las anteriores razones los cubanos decidieron, a espaldas del presidente del gobierno de la República en Armas, a través del Decreto Spotorno negociar una paz sin independencia o abolición de la esclavitud.

El nombre del tratado era contradictorio con la figura de Juan Bautista Spotorno, quien protagonizó en el período el decreto de la condena a muerte para aquellos que promulgasen ideas entreguistas de esta índole, como demostración de un radicalismo patriótico.

En el contenido firmado no había un solo rastro de estos dos argumentos que motivaron alguna vez el encauce de la soberanía de la Patria. Los resultados del documento fueron mínimos y se aplicaban a unos pocos, como la liberación de los antiguos colonos y esclavos chinos del ejército anticolonial; se sumaba la posibilidad de asociación, reunión y expresión que no se acometerían por las restricciones de Puerto Rico.

Finalmente, la obligatoriedad de la retirada de la causa en todo el archipiélago era un hecho delimitado por un puñado de hombres para el resto del país. Sin embargo, en Oriente no se hizo esperar mayores trascendencias.

Es así como el santiaguero Antonio Maceo Grajales continuó el conversatorio con Martínez Campos para alzar la bandera caída en la finca El Zanjón, y dejar claro que la lucha no llegaría a su fin sino con la conquista de las dos principales razones que habían conducido a esta. Mangos de Baraguá había sido testigo de una garantía sellada: la continuidad del proceso revolucionario.

Quizás el Zanjón haya quedado en los registros como un instante indecoroso para los cubanos, de claudicación y debilidad. No obstante, en la consolidación de los ideales y principios de la batalla que comenzó con Carlos Manuel de Céspedes, era imprescindible su existencia para lo que representó después Baraguá.

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