Revelando la Historia. El asunto del Virginius II
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- Categoría: Historia
- Escrito por MARIA DE JESUS CHAVEZ VILORIO
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Podemos decir que ya atravesamos el conflicto y llegamos al desenlace. En el primer trabajo, la repercusión internacional y el problema en el que casi se ve envuelta España. Ahora, concluiremos.
El 3 de diciembre de 1873, le entregan a Sir Lambton Lorraine, comandante de la fragata inglesa Niobe y héroe detrás de este asunto, una parte de los supervivientes del vapor Virginius. El 18 de ese mes, frente al Morro, el comandante Braine de la corbeta estadounidense Juniata, recibe el resto. Al día siguiente, los integristas españoles más recalcitrantes, que se reunían en el “Círculo Español”, protestaron firmemente en contra de las medidas, así como de la entrega del barco, lo cual era visto como una capitulación y un signo de debilidad.
Al respecto, sí se vio la actuación del ya referido presidente español Emilio Castelar, quien en un telegrama reclamaba al Capitán General de la isla, Jovellar, que retardaran el cumplimiento de sus órdenes. En dicho documento, dice Castelar “no comprendo que quiera ser Cuba más española que España. Una guerra con los Estados Unidos sería hoy una demencia verdadera (…) todos los argumentos de los Estados Unidos consisten en decir que España no manda en Cuba, y van ahora a confirmar ese argumento”.
El presidente exigía así obediencia sin discusión, y que acabaran de entregar el barco de una vez a los norteamericanos, y le advertía al Capitán General que ni siquiera hablara de dimitir sin antes haber cumplido sus órdenes. El documento está recogido en el libro Iniciadores y Primeros Mártires de la Revolución Cubana, de Vidal Morales, publicado en La Habana en 1901.
El día 13 de diciembre, Sir Lambton Lorraine, con su carga de prisioneros sobrevivientes, hizo escala en Nueva York. Allí la prensa dio mucha importancia a su heroica intervención ante “las garras de la tiranía y el salvajismo español en la Perla de las Antillas” (Bacardí, 1923), y se le rindieron una serie de homenajes. Incluso, se le dio la ciudadanía de Nueva York al valiente inglés.
Con el otro gran protagonista de esta historia, Juan Nepomuceno Burriel, la prensa norteamericana no fue en absoluto generosa. Prácticamente le pedían la cabeza, con toda razón. En un periódico neoyorkino de 1875, se quejaba todavía un periodista de que el español no hubiera sido juzgado adecuadamente.
Para finalizar el incidente, el gobierno de los Estados Unidos aceptó una indemnización de 80 mil dólares; posteriormente, el Reino Unido aceptó otro tanto. Pero la opinión pública internacional tenía ya una idea mucho más cercana de lo que pasaba en Cuba: ya no era solo una potencia colonial lidiando con una rebelión, sino una metrópoli pasando por las armas a cualquiera, no importa quién o de dónde fuese, que le llevase la contraria. Y quedó claro una vez más que desde España, cruzando un mar, era muy difícil gobernar esta isla efectivamente.
El suceso del Virginius vino a sumarse a esas páginas negras que firmó el colonialismo en Cuba: a los sucesos del Villanueva, a los estudiantes de medicina, y a otros muchos crímenes que se cometieron y cometerían más tarde.

