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Revelando la Historia: el asunto del Virginius

Categoría: Historia
Escrito por MARIA DE JESUS CHAVEZ VILORIO
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viginius¿Sabía usted que en 1873, los ingleses estuvieron a punto de bombardear Santiago de Cuba? ¿Y que muchos norteamericanos exigieron a su gobierno entrar en guerra con España mucho antes del Maine? Es más, ¿sabía usted que en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia de esta ciudad, existe un sepulcro dedicado a los mártires del conflicto que dio pie a todo eso? Si no lo sabía, se enterará ahora, en Revelando la Historia: el asunto del Virginius.

Un evento histórico en el fragor de la Guerra de los Diez Años, hizo que un gobernador español perdiera la noción del peligro y, queriendo dar una lección, se metiera con dos superpotencias que, hasta el momento, no querían involucrarse en la “rebelión armada” que se estaba llevando a cabo en Cuba. El suceso que llevó a un educadísimo y flemático Sir inglés a decirle en su cara a dicho gobernador que no daba la mano a asesinos. Y el anónimo intérprete que, traicionando su deber, salvó la situación.    

En un primer trabajo, veremos los hechos, día por día, como los registra un cronista de la época, el señor Emilio Bacardí Moreau. Un segundo trabajo, abarcará una parte del conflicto internacional que se gestó luego. Y el tercero, traerá nuevas informaciones y la conclusión de la historia. Comencemos, pues, por el principio.   

El asunto del Virginius I

Todo comenzó el 31 de octubre de 1873, pero como los hechos se desenvolvieron en su mayor parte en noviembre, se recuerda ese mes, sobre todo los primeros días, como el epicentro del suceso. Primero, demos los antecedentes.

El barco

El Virginius era un barco forzador de bloqueos utilizado en la Guerra de Secesión Estadounidense. Fue construido en el astillero Aitken & Mansel de Glasgow, Escocia, en 1864, siendo bautizado como Virgin. Se convirtió en botín de guerra cuando fue capturado el 12 de abril de 1865 por los Estados Unidos. En 1870, el barco fue vendido a John F. Patterson, que lo utilizó para el contrabando con Cuba y transporte de expediciones a la isla. En 1873, fecha que nos interesa, iba capitaneado por Joseph Fry.

La expedición

El General de Brigada camagüeyano Bernabé Varona Borrero, alias Bembeta, llevaba un tiempo en el exterior ayudando a la causa cubana, recaudando recursos para la guerra. Logró organizar una expedición con más de 100 hombres (Bacardí 1923) dice que 103, el libro La utopía secuestrada, de Ernesto Limia, (2015) asegura que 102, mientras el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba I (2004), habla de “unos 130”). Ahí comienza verdaderamente los hechos que nos ocupan.

La cronología

1873

-24 de octubre: Sale de Jamaica, en su tercer viaje.

-28 de octubre: Hicieron escala en Puerto Príncipe, Haití.

-31 de octubre: El buque español Tornado le había puesto el ojo al vapor desde el día 29, y venía siguiendo sus maniobras, sospechando que traía una expedición cubana. El 31, tras una ardua persecución, lo capturaron cerca de Punta Murante, en aguas jurisdiccionales británicas; y a las 11 de la noche, el buque americano llevaba ya bandera de España y era conducido hasta Santiago de Cuba. El comandante español del Tornado se llamaba Dionisio Costilla.   

-1 de noviembre: A las 5 de la tarde, entra al puerto de Santiago de Cuba el vapor de guerra Tornado, conduciendo de remolque al Virginius. El barco capturado traía 63 tripulantes, entre estadounidenses e ingleses, con algún alemán, según bibliografías; y los más de 100 expedicionarios. En sus reportes, los oficiales a cargo del Tornado refieren que las armas fueron arrojadas por la borda durante la persecución, para que el enemigo no se hiciera con ellas.

-2 de noviembre: Se realiza el primer Consejo de Guerra sobre el asunto, en el cuartel de Dolores. El juez fiscal era un teniente coronel de la infantería de marina, llamado Emilio Ruiz de Arana. El 3 de noviembre, el brigadier y Comandante General de Santiago,  Juan Nepomuceno Burriel (memorizar bien ese nombre, que es protagonista de esta historia), publicaba un bando en el cual daba a conocer que conocía de la expedición desde el día 23 de octubre. Ese mismo día, se anuncian los primeros fusilamientos.

-4 de noviembre: 6 de la mañana, en las tapias del Rastro, son fusilados los generales Bernabé Varona y Pedro Céspedes, coroneles Washington O´Ryan (conocido también como William Ryan, nacido en Canadá, emigrado a EUA donde participó en la guerra de Secesión y luego, patriota del Ejército Libertador) y Jesús del Sol, jefes de la expedición.

-7 de noviembre: Se les hace un Consejo de Guerra Naval a los tripulantes del vapor, acusados de piratería. Este fue el error más grande que cometió Burriel: es probable que hubiera podido seguir matando expedicionarios impunemente sin que nadie se involucrara, pero en su lugar, decidió “adelantar” y juzgar a la tripulación. El juicio dictaminó que 37 de los tripulantes iban a ser “pasados por las armas, por la espalda y por unanimidad” (documento oficial, registrado en Bacardí, 1923). Los restantes eran condenados a distintas penas de cárcel.

A las 4:00p.m. del mismo día 7, son fusilados estos 37 hombres.

-8 de noviembre: Son fusilados, a las 6:00a.m., doce expedicionarios más del Virginius. Y entonces, el suceso que detiene la matanza. A las 11:00a.m., fondea el puerto la fragata de guerra británica Niobe, al mando del comandante Sir Lambton Lorraine. Memoricen también este nombre. Si hubo sobrevivientes del Virginius, se lo debemos a su actuación.

El asunto del Virginius II

En el primer trabajo, nos quedamos en la acertada intervención de Sir Lambton Lorraine, comandante de la fragata Niobe. Pero, antes de pasar a este señor, debemos mencionar que el gobierno español, al ver lo que se le avecinaba, intentó lavarse las manos en el asunto. El presidente de la República Española, Emilio Castelar, supuestamente envió una serie de telegramas mandando a parar a toda costa con lo que estaba sucediendo en Santiago; telegramas que Burriel, también supuestamente, “no recibió”. Eso, o decidió ignorarlos. La Historia en realidad recoge un telegrama de Castelar al Capitán General de la isla, pero es muy posterior, cuando ya el conflicto con las otras potencias estaba maduro.

Entonces, volviendo a Lorraine: lo vimos llegando a Santiago de Cuba el 8 de noviembre de 1873, unas cinco horas después de que fusilaran a otros 12 expedicionarios del Virginius, y al día siguiente de que se fusilara a los 37 tripulantes, varios de ellos, británicos. Lorraine se había enterado de los fusilamientos masivos, y salió de Jamaica dispuesto a ponerles fin. Mandó un comunicado muy corto a Burriel, que Bacardí recoge.

En él, dice claramente que el Sir actuaba por su cuenta y riesgo, pues no tenía órdenes de su gobierno, pero que actuaba en nombre de “la humanidad y de la civilización”. Y que si no se detenía de inmediato “la inmunda carnicería” (muy directo el inglés), iba a tomar medidas. Estas medidas, aunque no mencionadas en el comunicado, tenían mucho que ver con los cañones de la fragata, apuntando directo a la ciudad de Santiago.  

Podemos resumir, pues, que en 1873 Santiago de Cuba estuvo a punto de ser atacada, y quizás incluso tomada, por los ingleses. Así como se lee.  

Burriel, que era un hombre radical pero no estúpido, se dio cuenta de que se había pasado un poco. Inmediatamente decidió negociar con Lorraine, al cual invitó a una visita de cortesía. Bacardí cuenta que en la puerta del Palacio, el español le tendió la mano al inglés, que decidió saludarlo con un gesto de la cabeza, y dijo a su intérprete: “Dígale usted que no doy la mano a asesinos”. El traductor se vio en un aprieto importante, y optó por salvar la situación, diciendo a Burriel que el otro hablaba “de asuntos indiferentes”.

No se sabe qué hubiera pasado si el intérprete, Isidro Agostini, hubiera cumplido a cabalidad su trabajo y traducido textualmente lo que se le decía, pero no hubiera sido agradable. Al final, este hombre casi anónimo corroboró una vez más el dicho antiquísimo de que el traductor es un traidor, aunque la verdad es que probablemente salvó el día.

Por otro lado, asambleas masivas en distintas ciudades estadunidenses aprobaron resoluciones que instaban a su gobierno a reconocer la beligerancia en Cuba e intervenir en esta, los medios también dieron sus opiniones de forma intensa (Limia, 2015). El gobierno norteamericano se declaró “enfurecido”, aunque seguía negándose a reconocer que hubiese algo más que una insurrección armada en la isla. O sea, que si hubiera sido por el pueblo estadounidense, la guerra hispano-cubana hubiera tenido el apellido de “norteamericana” mucho antes, adelantando y cambiando considerablemente el curso de la Historia. Solo que, al parecer, no convenía.

El 11 de noviembre se anuncia la partida del Virginius con rumbo a La Habana, lo que tiene lugar el día siguiente. El ya referido presidente Castelar, en reunión con el ministro americano Mr. Silkes, donde seguramente se trataba del asunto, se lamentó de que su orden “no llegase a tiempo de impedir aquel hecho, que es contrario a la ley”. Si es verdad o no, parece que al americano le convenía creerlo, porque no hubo guerra contra España.

El asunto del Virginius todavía continuó un poco más, con la participación de los protagonistas que ya conocemos.

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