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Un héroe polémico y una Guerrita de Agosto

Categoría: Historia
Escrito por María de Jesús Chávez Vilorio
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quintín banderaEl 30 de octubre de 1834, en Santiago de Cuba, nació José Quintino (Quintín) Bandera Betancourt. Fue combatiente de las tres guerras y llegó a obtener el grado de General de División. Era temido por el enemigo, y otros grandes hombres del mambisado lo consideraron hombre de extraordinaria valentía. Tuvo una muerte irónica y cruel, de mano de los que debieron ser sus aliados, cuando se suponía que ya Cuba era libre.

Quintín no tardaba mucho en dejar claras sus posiciones, ya fuera alzándose entre los primeros o participando en la Protesta de Baraguá. Al final de la Guerra Chiquita, lo apresaron en Chafarinas. Cinco años después, lo liberaron; y en vez de marchar al exilio, donde sería mucho menos acosado, regresó a Santiago, a ejercer de albañil. Participó en la llamada Paz del Manganeso de 1890. Los españoles tenían razón al quererlo lejos: de nuevo fue uno de los primeros en alzarse, esta vez el 24 de febrero de 1895.

Cuando Maceo formó su columna invasora, lo nombró jefe de infantería. Estuvo en la invasión a Occidente y la Campaña de Pinar del Río. De él, en su peculiar estilo, escribió Martí: “...muy negro, el bigote y barbija... sesentón, con la cabeza metida en los hombros, troncudo el cuerpo, la mirada baja y la palabra poca... el ojo pequeño y amarillo, parece como que le viene de hondo, y hay que asomarse a él”.

Todo el mundo coincidía en que era valiente, y el hecho de sobrevivir a treinta años de lucha demuestra que, además, era duro de matar. Pero perfecto, no era. Cometió una serie de indisciplinas y tuvo problemas con más de un jefe. Fue llevado a juicio por sedición, desobediencia y conducta inmoral, y se decidió que perdiera todos sus privilegios militares y políticos por tiempo indefinido. Sin embargo, este héroe polémico nunca dejó de pelear. Sus privilegios le fueron devueltos en 1899, terminada ya la contienda.

Su historia no terminó gloriosamente, ni mucho menos. Al final de la Guerra Necesaria, esa que se suponía que por fin habíamos ganado, los cubanos recibieron una noticia insultante: la victoria que habíamos buscado por treinta años, aquella que costó sangre y sudor, no era nuestra. Para el mundo, a España no le ganó la pequeña islita del Golfo de México, sino la potencia advenediza, que esperó al momento oportuno y solo combatió unos meses.

Y Quintín Bandera se vio viejo, pobre y desempleado en un país que no era en absoluto aquello que soñaba cuando, junto a Maceo, se negó a pactar la rendición aquel 15 de marzo del ´78. Así que se unió a un episodio del que los libros de texto no dan muchos detalles, llamado la Guerrita de Agosto: un alzamiento contra la reelección fraudulenta de Estrada Palma, a quien mucha gente veía como poco más que un traidor, y un verdadero oportunista.

Para hacer la historia corta: Estrada Palma quería reelegirse en 1905, pero todo parecía indicar que no iba a suceder. Así que creó algo llamado el Gabinete de Combate, para presionar a todos sus enemigos políticos. Estos perdían el trabajo, eran expulsados de sus cargos públicos, entre otras artimañas por el estilo. Salió reelecto, y asumió el 20 de mayo de 1906. En agosto, los liberales se alzaron, y el presidente decidió no sentarse a parlamentar con los “sediciosos”. Pidió la intervención de los Estados Unidos, pero estos tenían otros intereses en ese momento. Entonces, en una maniobra astuta, renunció. Y detrás de él, renunció la cadena de mando, con lo cual, Cuba quedó sin líder y, como dicen los viejos, “por la libre”. Entonces, Estados Unidos no tuvo otro remedio que entrar en el ajo, con la llamada Segunda Intervención.

¿Qué fue de Quintín? La historiografía oficial cubana maneja que Estrada Palma lo mandó a matar. Lo que se sabe seguro, es que fue sorprendido, probablemente tras una delación, recibió un balazo, y cuando se encontraba indefenso, fue macheteado por sus asesinos en la finca El Garro, entre Arroyo Arenas y El Cano, en La Habana, el 22 de agosto de 1906.

Así como lo leen: tenía 72 años, era un héroe y aun así, a la hora de hacer política, en realidad a nadie le importó.

        

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