
Como hoy, aquel junio de 1957 también era domingo. Las calles santiagueras de entonces se agitaban con el mitin que el gobierno del tirano Fulgencio Batista había auspiciado en el céntrico Parque Céspedes; mientras que los jóvenes del Movimiento 26 de Julio planeaban la colocación de petardos en sitios próximos, y la salida de grupos armados que dispararían para disolver a los reunidos.
Cuentan que por una errónea interpretación los explosivos no se plantaron, y ante la incertidumbre y la desesperación por no saber qué ocurría, uno de los pequeños comandos, el dirigido por el joven Josué País decidió actuar. Iban en un automóvil: manejaba Salvador Pascual, Josué estaba a su lado; y en el asiento de atrás se encontraban Floro Bistel junto a tres muchachas: Belkis, Gloria y Elsa Casañas, a las que a mitad de camino obligaron a abandonar el vehículo.
Solo transcurrieron unos minutos cuando una patrulla los detectó y comenzó a perseguirlos, hasta que en la encrucijada del Paseo Martí y la calle Crombet, otra brigada policial les cerró el paso. Estaban atrapados... Con una goma ponchada por un disparo Salvador decide girar y estrellarse contra un almacén... pero mientras salía del auto fue acribillado a balazos por los esbirros de la tiranía.
Floro sí logró disparar con su escopeta e intentó protegerse detrás del carro, mas fue impactado por una bala enemiga en la espalda y otra en la garganta. Fue más difícil agarrar a Josué, pues llegó a correr unos metros pistola en mano; sin embargo, los batistianos le hirieron en el brazo derecho y en varias partes del cuerpo.
Dicen quienes estuvieron por allí en aquellos momentos que Josué solo perdió el conocimiento y que estaba aún con vida cuando fue capturado. No obstante, los que vieron su cadáver en el féretro quedaron impresionados por un impacto de proyectil que tenía en la sien... lo habían asesinado cuando se encontraba en el suelo e indefenso.
Josué no había cumplido aún sus 20 años, mientras que Floro y Salvador solo tenían 23. Cayeron así, tres valerosos jóvenes hace 62 años, ofreciendo sus vidas a la causa de la soberanía de esta nación, para que se hiciera realidad el sueño de la Revolución cubana.
Hoy, de repente nos asaltan todos los recuerdos y pretendemos reunir las vivencias de esos momentos cargados de dignidad y decoro. A veces nos preguntamos cómo hemos seguido andando sin los que ya no están, y descubrimos que ellos se encargaron de allanar el camino antes de la partida, para dejarnos una Cuba nuestra.
Esa que se refleja en la risa de los niños, en los sueños realizados de los jóvenes, en el júbilo de esta generación que celebra su derecho de vivir, trabajar y participar en un país libre y soberano.