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Revelando la Historia del Día de los Trabajadores : Los sucesos del 1ro de mayo de 1886 (I)

Categoría: Historia
Escrito por MARIA DE JESUS CHAVEZ VILORIO
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primerprimeromayoA los sucesos de Chicago del 1ro de enero de 1886 y sus repercusiones, debemos en nuestros días que la fecha sea declarada el Día Internacional de los Trabajadores, salvo algunos países de habla inglesa. Estados Unidos, lugar de los hechos, prefiere pasarlos por alto. Sierra Maestra trae a sus lectores en tres trabajos, un resumen de los acontecimientos, y las distintas voces que los narraron.

El panorama

En nuestra época damos por sentadas las ocho horas reglamentarias de jornada laboral, el derecho de los trabajadores a condiciones adecuadas, el derecho a defenderse. Sin embargo, en pleno siglo XXI las condiciones laborales no son iguales en todo el mundo. Ponerse en el lugar de los obreros desesperados de 1886, se vuelve difícil. Para ello, hay que recurrir a quienes lo vivieron de primera mano. Viajemos un momento en el tiempo.

Estamos en la década de 1880, en Europa. Las fábricas y la tecnología crecen a causa de la Revolución Industrial, pero necesitan un constante suministro de mano de obra. Desde finales del siglo anterior existe un crecimiento demográfico, y un éxodo masivo de personal hacia las ciudades. Surgen enormes suburbios superpoblados, alrededor de alguna fábrica, con condiciones higiénicas desastrosas, lo que lleva a epidemias frecuentes de tifus y cólera. Las fábricas mismas son oscuras, húmedas, frías, poco ventiladas, los accidentes laborales suceden sin ningún control. Las horas de trabajo son excesivas, se llega a trabajar el sábado a jornada completa y el domingo a media jornada. Sin vacaciones.

Las mujeres, los niños y los ancianos trabajan también, por la mitad o la tercera parte del ya miserable salario de los hombres. Una ley inglesa de 1833 intentó regular el horario infantil a “solo” nueve horas diarias, siempre que el niño fuera menor de 13 años. La edad laboral para los menores es a partir de los 10. A edades tempranas, los obreros mueren en masa, enfermos por las epidemias cíclicas o por males más lentos como la tuberculosis. No importa: siempre hay más para sustituirlos.

A fines del siglo XIX, en semejantes condiciones, Chicago, Estados Unidos, era la segunda ciudad en número de habitantes de este país.

Los hechos

El 1 de mayo de 1886, 200 mil trabajadores iniciaron una huelga por la implantación de la jornada de ocho horas, mientras que la misma cantidad pretendía obtener esa conquista con la simple amenaza de paro. En Chicago, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que funcionaba era la de maquinaria agrícola McCormic, en huelga desde el 16 de febrero, pero que mantenía trabajando a esquiroles, o sea, rompehuelgas.

El día 2 de mayo, la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas. Cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies, posteriormente uno de los mártires, sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre ellos, comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente provocando seis muertos y varias decenas de heridos. Gente pobre con armas mataba a gente pobre sin armas, para beneficio de gente rica que no se ensuciaba las manos con las armas. Ni con el trabajo. A los policías no les pasó nada ni fueron cuestionados por estos hechos.

Se consiguió un permiso del alcalde para hacer un acto de protesta a las 7:30 p.m del día 4 en el parque Haymarket. Lo que allí sucedió es conocido como la Revuelta de Haymarket. A pesar del permiso, la policía atacó. Los obreros atacaron también. Una bomba fue arrojada a la primera línea de guardias, matando a uno, causó después la muerte a seis más y abrió en otros cincuenta heridas graves. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. No existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes europeos: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.

Tras un juicio a todas vistas injusto, con fuertes y más que visibles intenciones de dar ejemplo y acallar protestas, siete fueron condenados a muerte. Uno se suicidó en la cárcel, dos fueron conmutados a cadena perpetua. Cuatro murieron en la horca: los mártires de Chicago.

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