Era de tez negra, mirada penetrante, coraza como de hierro, valentía que brotaba hasta por las entrañas, ideas firmes y elocuentes que solo podía tener un revolucionario a cabalidad como él Jesús Menéndez, su amigo Nicolás Guillén lo llamó el General de las cañas, yo me atrevo a llamarlo embajador, porque fue un consagrado y digno representante de la industria azucarera.
Aquel villano insaciable de sangre justa e inocente, ese que creyó que un día como hoy, pero de 1948 apagaría la obra del insigne mártir de las cañas. El capitán Joaquín Casillas subió en Manzanillo, al tren en el que viajaba Menéndez, para detenerlo. El dirigente sindical rechazó la orden por ilegal y se negó a seguir al militar, dándole la espalda. Lleno de ira al ver tanto coraje del líder, le dispara traicioneramente, tres veces dándole muerte.
El sepelio de Jesús fue uno de los más concurridos de esos tiempos, como una amplia demostración de apoyo popular a sus ideas, que hasta estos días, vemos reflejada en nuestra nación como un digno homenaje a su obra.
Nació el 14 de diciembre de 1911 en el pueblo de Encrucijada, en la antigua provincia de Las Villas. Su familia como muchas de la época era humilde, de trabajadores descendientes de combatientes mambises.
Cursó sus primeros estudios en una escuela pública en Encrucijada, pero al quedar huérfano de madre, la situación económica de la familia empeora, viéndose obligado a trabajar desde niño en la parcela familiar y como vendedor ambulante de sus frutos en el batey del central Constancia y, a los 14 años comienza a laborar como machetero en las colonias del central Nazábal mientras que en el tiempo muerto, trabajaba en las escogidas de tabaco de varios pueblos de la provincia.
En el año 1927 con 16 años de edad logra una plaza de retranquero de trenes de caña y al siguiente año comenzó a trabajar como purgador de azúcar en el central Constancia.
En 1929 fue electo Secretario General de los trabajadores del Central Constancia y desde ese puesto organizó diversas manifestaciones contra la dictadura de Gerardo Machado.
En el año 1930 se funda en Encrucijada un núcleo del Partido Unión Revolucionaria Comunista y al año siguiente, Jesús ingresa en dicho partido recibiendo la misión de organizar en esa región la Liga Juvenil Comunista, tarea que cumple mostrando un gran sentido del deber y posteriormente organiza el frente sindical primero en Sagua la Grande y luego en toda la provincia villareña siendo elegido secretario general del sindicato de los trabajadores azucareros del Central Constancia. En 1932, crea la SNOIA (Sindicato Nacional Obrero de la Industria Azucarera).
Fue un incansable luchador sindical y político pues se vincula al proceso de radicalización de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), en 1934 y participa en el IV Congreso Obrero, también llamado de Unidad Sindical, que da una estructura vertical de dirección al Movimiento Obrero Cubano.
En 1936 es electo vicepresidente del gremio de escogedores de Encrucijada y en 1939 funda, junto a Lázaro Peña, la CTC. Por su labor al frente de los obreros azucareros, es designado el 15 de noviembre de 1939, delegado a la Asamblea Constituyente y al año siguiente es electo Representante a la Cámara, convirtiendo su labor en un enfrentamiento constante a la burguesía y al imperialismo.
Tuvo una destacada participación en la organización del sindicato nacional de los trabajadores azucareros hasta que se convirtió en el líder de los trabajadores azucareros de todo el país y en el año 1939, fundó la Federación Nacional de Obreros Azucareros y en las elecciones generales de 1940 resultó electo Representante a la Cámara por el Partido Unión Revolucionaria Comunista.
En la década de 1940 fue reelecto una y otra vez secretario general de la Federación Nacional de los Obreros Azucareros resultando incuantificable pero intensa e inmensa, su contribución a la forja de la unidad y la organización de los trabajadores azucareros, a la defensa de sus derechos y a la formación de su conciencia revolucionaria.
En 1942, crea junto a otros compañeros, la Revista “Azúcar”, con el fin de divulgar los problemas de la clase obrera del sector. En solo 7 años (1940-1947) gracias a su gestión se logró arrancarle a la oligarquía dominante, un total de 631 millones de dólares a favor de los trabajadores de la industria azucarera, logrando la inclusión de los obreros azucareros en los beneficios del descanso retribuido (vacaciones pagadas) y el acceso de sus mujeres a la maternidad obrera, así como la creación de la "Caja de Retiro y Asistencia Social de los trabajadores del sector azucarero.
Jesús se rebeló contra las posiciones serviles y entreguistas que se inclinaban ante los poderosos conquistadores extranjeros que habían hecho aprobar en el Congreso norteamericano una ley lesionando la cuota azucarera cubana.
Eso significaba una agresión a la economía de Cuba y una afrenta a la dignidad de la Patria. Menéndez proclamó que los cubanos no aceptarían nunca esa humillación y se debía luchar a favor de unir a todo el pueblo contra aquella ofensa.
Las conquistas más significativas alcanzadas por Menéndez fueron el Diferencial Azucarero, la Caja de Retiro Azucarero y la Cláusula de Garantía, beneficiosas para la economía cubana y para el ingreso familiar de los trabajadores. También logró el pago de horas extras para los trabajadores. Se deben la elevación del salario a los trabajadores azucareros y el logro del retiro, la higienización de los bateyes y otras medidas de carácter social.
Última visita de Jesús Menéndez a Pedro Betancourt
Antecedentes
El dirigente obrero, visitó en varias ocasiones el territorio de Pedro Betancourt, donde desde 1934 se había creado el Sindicato de Trabajadores del Central Cuba y sus colonias. Una de las más importantes visitas fue la que realizó junto al también dirigente Lázaro Peña en 1940, en ocasión de resultar electo Alcalde del pueblo Florentino Ibaceta Barranco, quien era apoyado por la Coalición Socialista. En el Museo Municipal se encuentra una fotografía original de este hecho, tomada en el antiguo Hotel Noriega.
El 24 de septiembre de 1947, ante una notificación de que eran destituidos los más destacados dirigentes del Sindicato Azucarero de Pedro Betancourt, se efectúa en horas de la noche una reunión para ratificar los mismos, no aceptando la destitución. La reunión tuvo lugar en el edificio del Sindicato, donde actualmente radica el Teatro Cuba.
Elementos mujalistas, acompañados por la policía y la guardia rural, irrumpieron sorpresivamente en el local y tras apagar las luces disolvieron la reunión lanzando tiros al aire. Fueron detenidos los principales dirigentes y destruidas fotos de connotados líderes obreros, entre estas una de Jesús Menéndez. Los detenidos fueron trasladados a Matanzas y días después liberados, recibidos por el pueblo en la estación de ferrocarriles.
Hechos que motivaron la visita
La situación creada no culminó en los hechos del 24 de septiembre. El 20 de noviembre de 1947, en horas de la mañana, irrumpen de nuevo en el local del sindicato elementos mujalistas junto a la policía y la guardia rural. En esta ocasión la entrada se produjo por el patio y portaban un acta amañada que los convertía en propietarios del inmueble. Los verdaderos dirigentes obreros fueron expulsados del lugar.
Enterado de los acontecimientos ocurridos en Pedro Betancourt, Jesús Menéndez acude al pueblo. Es recibido en los portales del Hotel La Palma por trabajadores que portaban una Bandera Cubana.
Marchan por el centro de la calle principal rumbo al Teatro Actualidades, ubicado junto al edificio del Sindicato. En el Teatro tiene lugar un acto de protesta en el cual Menéndez hizo uso de la palabra. De allí partieron en nutrida manifestación hacia el local del Partido Socialista Popular, frente al parque Pepe Roque, donde tuvo lugar un mitin.
A pesar de las protestas, el Sindicato Azucarero de Pedro Betancourt permanecería en los años siguientes en poder de la camarilla mujalista. No obstante, los verdaderos dirigentes obreros continuaron desde la clandestinidad orientando a los trabajadores y combatiendo los males imperantes. A escasos dos meses de estos hechos, ocurrió su asesinato.
Pero la obra imperecedera del Embajador del azúcar está vigente en cada obrero de nuestro país, en cada joven enraizado en sus ideas. Lo recordamos como ese valiente hombre de origen humilde que se enfrentó con valor al vil enemigo opresor por el bien de la industria azucarera y sus trabajadores cruelmente explotados, hoy escuelas, centrales y calles llevan su nombre como un firme ejemplo de que está en los corazones de millones de cubanos.
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