“Mi infancia tuvo, es cierto, un esplendor de aurora”, así expresó Rubén Martínez Villena, al recordar su encuentro con Máximo Gómez, líder revolucionario de aquellos tiempos en que Rubencito como cariñosamente lo llamaba su madre, crecía viendo los desmanes de la época que lo llevaron a ser, uno de los más importantes revolucionarios de 1920 a 1930.
De ojos como el mar cielo, de ideas progresivas desde pequeño, sabichoso, inteligente, perspicaz, tuvo un encuentro casual, que lo marcó toda su vida y eso que solo tenía 3 años. Gómez vería al niño y fascinado por esa gracia sobrenatural que poseía, le auguró: “Tu vida tendrá luz plena de mediodía”. No se podía imaginar, que las palabras venían de un hombre que había consagrado su vida a la Patria, lo cual, eso mismo haría él años después.
Nacido en Alquízar, La Habana, el 20 de diciembre de 1899, fue el primer hijo varón de la familia, heredando la belleza de su delicada madre María y la inteligencia de su padre Luciano. Villena era estudioso, su primer amor fue la poesía, comenzando a escribir versos desde los once años, pero no fue hasta los 21 que se convirtió en un poeta reconocido. Cumpliendo un sueño de su madre se gradúa de Derecho y comienza a trabajar en el bufete de Don Fernando Ortiz, nutriéndose de ideas antimperialistas. Se convirtió en el abogado de los más desposeídos, conociéndose esto en toda la isla.
Aunque seguía escribiendo, ya no era esa su primera pasión, sino que la dejaría en un segundo plano, para incorporarse a la lucha por liberar a su Patria. Su gesta primogénita, fue la Protesta de los Trece, el 18 de marzo de 1923; hecho que marcaría “el despertar de la conciencia nacional”, como le han llamado algunos historiadores y que enfrentó a la joven intelectualidad cubana contra la corrupción política del gobierno del que fuera en aquel momento presidente de la República, Alfredo Zayas.
Entonces se vería al joven de ojos azules, en la fundación de la Falange de Acción Cubana, del Grupo Minorista, en el Movimiento de Veteranos y Patriotas, y al lado de Mella como profesor en la Universidad Popular José Martí.
Mostró su ímpetu como abogado, al defender a Julio Antonio Mella, enfrentándose con agravio al presidente Machado, e intercediendo por este líder del movimiento comunista cubano; en la huelga de hambre, al escuchar las palabras del déspota presidente, expresó: “Pobre América Latina, que está dirigida por estos bárbaros...Machado es un animal salvaje, es un asno con garras”, este apodo trascendió, hasta hoy lo leemos en los libros de Historia.
Villena, en su condición de asesor legal de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), organizó la huelga del 20 de marzo de 1930, primera con carácter antiimperialista que se le hizo a Machado, y fungió como dirigente del Partido Comunista, aunque para entonces le habían diagnosticado tuberculosis.
Con el objetivo de mejorar su débil salud viajó a la Unión Soviética, a un sanatorio en el Cáucaso. En carta a su esposa Asela, le escribiría en septiembre de 1930: “Mi último dolor no es el de dejar la vida, sino dejarla de modo tan inútil para la Revolución y el Partido (...)”. Tres años después, en mayo de 1933, sabiendo que el tiempo de vida se le agotaba, regresó a la Patria para continuar la lucha revolucionaria.
Regresó con la salud muy apagada, pero rápidamente, encauzó la lucha antimachadista y dirigió, al frente del Partido Comunista de Cuba y de la CNOC, la huelga general de agosto de 1933, que obligó a Gerardo Machado -al “Asno con Garras”- a abandonar el poder y huir de Cuba.
Sin fuerzas ni para escribir, se dedicó a organizar el IV Congreso Obrero de Unidad Sindical, que se desarrolló del 14 al 18 de enero de 1934. Antes, el 29 de septiembre de 1933, durante el sepelio de las cenizas de Mella, habló por última vez ante el público.
El 16 de enero de 1934, su salud empeoró y la defunción se hizo presente, a juicio de Raúl Roa, otro de los imprescindibles en la Revolución de los años 30: “Aquel día ¨La Esperanza¨ vio salir por su pórtico, definitivamente rota, la esperanza más alta y más noble de la juventud cubana”.
En su entierro, más de 20 mil trabajadores le rindieron una combativa despedida, gritando consignas y entonando canciones revolucionarias en el tránsito al Cementerio de Colón. Muestra de que su vida fue corta, pero llena de frutos en cuanto a la lucha antimperialista y a favor del proletariado.
En 1973, Fidel en el acto por el vigésimo aniversario de los sucesos del 26 de julio de 1953, recordando las estrofas de Rubén en su Mensaje Lírico Civil, afirmó: “Desde aquí te decimos, Rubén: el 26 de Julio fue la carga que tú pedías”.
Hoy a 85 años de su fallecimiento, miles de jóvenes te recordamos, como aquel hombre valiente, que se enfrentó al tirano, para alcanzar una nación libre, dejando atrás sus más grandes amores, la poesía e incluso a su adorada esposa. Ese día se perdió uno de los mayores lideres independentistas de todos los tiempos, aunque partió joven su vida fue fecunda, trascendió como ejemplo de lucha, como guía para las nuevas generaciones, con la convicción profunda de mantener esta Patria libre y soberana, por la que tanto luchaste, limpia de toda crueldad, de todo dominio opresor. Hoy los jóvenes te decimos “Valió la pena Villena”.