Nuestra deuda con Larousse
- Detalles
- Categoría: Historia
- Escrito por MARIA DE JESUS CHAVEZ VILORIO
- Visto: 2134
Hoy es 23 de octubre y reviso las efemérides del día. Entre unos cuantos nombres que no reconozco, salta a la vista uno que a todos nos es familiar. Porque un día como hoy, de 1817, nació en Francia Pierre Athanase Larousse. Vamos, lector, recuerde. Ese mismo Larousse, el de la Enciclopedia que lleva su nombre.
Mucho antes de soñar con algo parecido a Internet, gente como mi abuelo recurría a una enciclopedia y resolvía cualquier duda. Yo aún lo hago, porque la Informatización avanza, pero no siempre puede correr. Uno siempre encuentra cosas maravillosas en las páginas de un libro, eso ya se sabe. Pero una Enciclopedia es algo más.
Cuando yo era niña, abuelo me mandaba a buscar el Diccionario. Era un pequeño Larousse de la Lengua Española, antiquísimo, más viejo que andar a pie. Tenía además una sección entera de personalidades, de ilustraciones, donde se podía encontrar desde un retrato de Enrique VIII, hasta todos los chismes sobre su más que polémica vida amorosa. Todavía está ahí, cayéndose a trozos. Pero jamás acumula polvo.
Cuando uno revisa una Enciclopedia, se cruza con cosas que no hubiese imaginado. Aprende palabras que lee por azar, y se quedan grabadas en algún sitio profundo de la mente, esperando para salir y sorprendernos. La Lengua con mayúsculas, esa escurridiza compañera de toda la vida a quien utilizamos sin comprenderla del todo, cobra vida entre las cuartillas. Entender que todo lo existente tiene nombre, saber que donde se dice una cosa se podrían decir mil y muchas veces no se acertaría con el término justo, tener la suficiente paciencia para dominar el lenguaje… es un don.
Y sin embargo… qué mal solemos aprovecharlo. Empleamos el idioma con desgano, siguiendo una suerte de ley del mínimo esfuerzo. Muchos nos horrorizamos ante la Real Academia aceptando haiga. Yo, por ejemplo, no puedo evitar ponerla en cursiva, porque no me acostumbro. Pero, ¿cuántas veces al día nos detenemos verdaderamente a analizar lo que decimos?
Expresiones como más menos, cuando lo correcto sería más o menos; hace x tiempo atrás, franca redundancia, pues o fue hace x tiempo o fue x tiempo atrás; o la archiconocida pero sin embargo; logran hacerme rechinar los dientes. Alguien debería decir una mañana cualquiera: Bueno, basta. Hoy voy a intentar hablar bien. Porque, aceptémoslo: tenemos un idioma hermoso.
Pocas personas saben que Pierre Larousse murió intentando terminar a tiempo su diccionario. Su cerebro no aguantó el esfuerzo y un derrame acabó con él, dejando huérfana su obra. Un día como hoy, 23 de octubre, 201 años después de su nacimiento, tenemos una deuda. La misma que tenemos con Cervantes, o sin ir más lejos con nuestro eterno Martí. Simplemente, hablar mejor.

