La leyenda del Galeno del Moncada

Categoría: Historia
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medico del moncada Mario MunozLa oscuridad aun tendía su manto sobre Santiago de Cuba. El reloj marcaba las 5:30 de la mañana y el silencio de la madrugada solo era interrumpido por un sonido sordo de disparos…Disparos que estremecerían no solo el Cuartel Moncada de la ciudad, sino el mismo curso de la historia de Cuba.

Entre las sombras que llenaban los fríos muros del Hospital civil “Saturnino Lora” destacaba un hombre de cabellos encanecidos que sin escuchar el zumbido de las balas se multiplicaba por las salas y corredores de la instalación para socorrer a quienes habían sido alcanzados por los proyectiles.

¿Quién era este paladín de los desamparados en el combate? Llevando su bata de galeno, en su natal Colón, en Matanzas, emergió de la población con el deseo de ayudar al prójimo latiendo en sus manos.

Cuentan algunos aquella ocasión en que albergó en el Casino Español a un grupo de personas vulnerables del pueblo, al producirse una inundación, o cuando creó para los desamparados servicios sociales que les ayudaran a contrarrestar de alguna forma su ya maltrecha situación.

Nunca puso de lado su tarea de atender a los enfermos, sin mirar su condición social. Aficionado a la radiodifusión realizó consultas con otros especialistas sobre temas médicos.

Desde el Hospital de Colón, donde ejerció como radiólogo, hizo de la atención a sus semejantes la luz guía de su carrera.

También desde allí hizo patente su desacuerdo con la corrupción de los gobiernos de turno.

Sus actividades contra la dictadura de Machado en su juventud, sembraron la semilla de la insurrección.

Es por ello que tras el Golpe de Estado de 1952 y tras conocer a Fidel vislumbra que el momento que tanto esperaba Cuba se acercaba. La Revolución está a las puertas del fin de siglo.

Así se integra activamente a la legendaria Generación del Centenario. Era el único médico entre los asaltantes y en calidad de tal fue al combate.

Junto a otros compañeros es sacado del hospital, mientras discute con los soldados que lo golpean y empujan. De pronto lo separan del resto y le disparan por la espalda. Cumpliendo su deber llegó a la inmortalidad.

Hegel, el filósofo, dijo en una ocasión que nada grande se hace en el mundo sin pasión. Definitivamente la pasión de este hombre por su profesión y su deseo de hacer el bien, dieron lugar solo unos años después a la más grande de las obras humanas del proceso revolucionario cubano: la gratuidad del sistema de salud y la formación de especialistas médicos.

La cultura popular lo recuerda como “el médico del Moncada”; la historia lo llama por su nombre: Mario Muñoz Monroy.

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