Una historia de libertad
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- Categoría: Historia
- Escrito por Nazín Salomón Ismael
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El décimo primer presidente de los Estados Unidos, James Knox Polk, fue conocido como el mayor expansionista del siglo XIX. Bajo su mandato el país aumentó de forma considerable sus fronteras, y quiso comprarle Cuba a España por un valor de cien millones de dólares.
Precisamente, el 25 de mayo se conoce como el día en que Knox intentó sumar a Cuba al territorio norteamericano. Otro intento anexionista que fracasa.
El siglo XIX resaltó las ganas de apoderarse de Cuba por parte de políticos y gobernantes norteamericanos, y se valieron de la famosa teoría de la fruta madura para tratar de conseguirlo. Esta planteaba que, al separarse del país ibérico, la Isla rodaría hacia el país vecino atraída por la fuerza gravitacional de una política corrupta.
En 1823 Thomas Jefferson escribió al presidente Monroe, expresándole que “La verdad es que la agregación de Cuba a nuestra Unión es exactamente lo que se necesita para hacer que nuestro poder, como nación, alcance el mayor grado de interés”. Catorce años después, James Polk dijo al periódico The New York Sun que “por su posición geográfica, por necesidad y derecho, Cuba pertenece a Estados Unidos, puede y debe ser nuestra”.
Hoy debemos agradecer que, a pesar de la aceptación de esta ley por parte de sectores elitistas dentro del territorio nacional, que les parecía la unión con el país del norte una oportunidad para acrecentar sus riquezas y preservar sus propiedades, la soberanía prevalece y Cuba ostenta su condición autónoma.

