Carlos Manuel de Céspedes: Convencido hasta su muerte de la independencia de Cuba
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- Categoría: Historia
- Escrito por Luis Sánchez del Toro
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Hoy es un día significativo para los cubanos, ya que cumpliría 199 años Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo, abogado revolucionario cubano que inició las guerras por la independencia en Cuba contra el régimen colonial de España, proclamando el 10 de octubre de 1868 su determinación de independencia o muerte y la libertad de sus esclavos.
Exactamente en 1819, en la villa de San Salvador de Bayamo en la región oriental de Cuba, doña Francisca de Borja López y Ramírez de Aguilar daba a luz al primogénito de su matrimonio con Don Jesús María de Céspedes y Luque, conocido por todos como el Padre de la Patria.
Nació en hogar de abolengo, típico de los adinerados terratenientes del Valle del Cauto, amasadores de una suficiente fortuna, de ahí que fuera criado con todos los beneficios y comodidades propios de su alcurnia.
Poseía una vasta cultura, era Licenciado en Derecho, gozaba de una recia y carismática personalidad y tenía un valor personal a toda prueba, demostrado en diferentes circunstancias antes del alzamiento.
En España comenzó a manifestar sus primeras inquietudes políticas, participando en la conspiración para derrocar al general Espartero, quien -por recibir los favores de Isabel II- gobernaba tras el trono; y que en la Península también compartió ideas y actividades revolucionarias con el militar español de pensamiento liberal Juan Prim. Por estos años de 1840, Céspedes, estudiante de Derecho de la Universidad Literaria de Cervera, Barcelona, se sumó a las milicias ciudadanas con el grado de Capitán.
Desde su llegada a la Isla vivió momentos políticos de suma gravedad como fueron: los intentos de invasión que desde los Estados Unidos protagonizó Narciso López, -que culminaron con la muerte de este último-; su destierro y prisión en Santiago de Cuba en los primeros años de la década del cincuenta y la agudización de las contradicciones con la metrópoli en temas económicos y políticos, que demostraban que las reformas no eran la vía para solucionarlos.
Este contexto lo llevó a unirse a las actividades conspirativas encabezadas por Francisco Vicente Aguilera, quien junto a un grupo importante de patriotas había comenzado a fraguar la idea de iniciar un levantamiento armado para expulsar a España de Cuba.
Céspedes se percató de que la Isla se encontraba en una coyuntura histórica excepcional para iniciar la insurrección. Eran tiempos de efervescencia política en España al calor de la asonada militar que derrocó a Isabel II y dio paso a un gobierno provisional de corte liberal en la Península.
Estos acontecimientos favorecían en la Isla a las fuerzas patrióticas de ideas independentistas que conspiraban desde 1867. La crisis de poder por la que atravesaba España no podía soslayarse por constituir una premisa de gran peso al estar sus principales dirigentes envueltos en una revuelta interna. Es por ello que Céspedes, a pesar de no haber logrado consenso para iniciar un levantamiento armado de forma simultánea, propuso adelantarlo en la reunión efectuada el 6 de octubre en la finca “El Rosario”. Allí fue elegido jefe único con plenas facultades para dirigir la guerra.
La convocatoria de Céspedes de adelantar el levantamiento tuvo un respaldo inmediato, a pesar del fracaso de ocupar el poblado de Yara.
Acto seguido se incorporaron nuevas fuerzas, se ocupó Barrancas y, exactamente a los diez días de comenzada la guerra, se conquistaba la ciudad de Bayamo.
En las semanas siguientes la insurrección se extendió a una gran parte del Valle del Cauto y simultáneamente a las jurisdicciones de Jiguaní, Santa Rita, Baire, Las Tunas, el Dátil y Guayacán del Naranjo. También se conocía de la presencia de tropas insurrectas en Jibacoa, Portillo, El Hormiguero, Baire, Cerro Pelado, El Cobre y Barrancas. El ejemplo se extendió a Camagüey, -que se levantó en armas el 4 de noviembre en Las Clavellinas- y llegó a los villaclareños, quienes se incorporaron a la insurrección el 6 de febrero de 1869 con 4 000 hombres y proclamaron la independencia de España.
Las ideas políticas, éticas, morales y revolucionarias de Céspedes y de los hombres que lo acompañaron en la lucha, quedaron reflejadas en el acta que se levantó en la mencionada reunión y retomadas después en el Manifiesto que se dio a conocer en Demajagua con el estallido revolucionario el 10 de octubre de 1868.
En este documento se anunciaba el comienzo de una guerra justa, anticolonial y antiesclavista y, además, se exponían las causas políticas, económicas y sociales que justificaban la decisión de recurrir a la lucha armada para eliminar la dominación colonial.
Asimismo, se dio a conocer el proyecto político que rompía con las ideas reformistas, anexionistas y autonomistas para lograr, simultáneamente con la liberación nacional del yugo español, la abolición de la esclavitud.
El 10 de octubre abrió una época de revolución política y social en Cuba. La proclamación del inicio de la lucha armada como la vía para obtener la independencia, con los recursos y fuerzas internas, sin presencia de tropas extranjeras y con el propósito de eliminar la esclavitud, constituyó en el plano estratégico, sin lugar a duda, el aporte más significativo del pensamiento político-militar de Carlos Manuel de Céspedes.
La noche del 11 al 12 de octubre de 1868, cuando reanudó su marcha hacia la Sierra con un puñado de hombres, uno de ellos apuntó qué pronto había terminado la empresa iniciada en La Demajagua. Y según el testimonio de otro de los acompañantes, Céspedes se irguió sobre los estribos y replicó:
¡Aún quedamos doce hombres; bastan para hacer la independencia de Cuba!
Carlos Manuel de Céspedes se oponía a la aprobación de formas de gobierno en que, por ser extremadamente democráticas y republicanas, limitaran las atribuciones del ejecutivo y del general en jefe para dirigir la guerra, pues sostenía con firmeza que para tener República, primero había que hacer la guerra.
Al asumir la presidencia Céspedes trazó estrategias para llevar la guerra a toda la Isla, ya fuese por tierra o por mar. Lo antes dicho se demuestra en las siguientes ideas:
Sustentó la idea de dar un carácter nacional a la guerra, para ello nombró, el 1 de junio de 1869, a Domingo Goicuría en el cargo de jefe de operaciones de Pinar del Río.
Trató de llevar la guerra al mar, para lo cual nombró oficiales de la marina y otorgó patentes de corso. Sostuvo total intransigencia en cuanto a la conquista de la independencia, siendo muestra de ello el hecho de que el 15 de febrero de 1871 declaró traidor a todo el que entrara en negociaciones con los españoles.
Céspedes defendió el método de lucha irregular. Trabajó por el incremento de las expediciones armadas desde el exterior y desplegó una extensa actividad diplomática cursando misivas a distintos gobiernos de América en busca del reconocimiento, tanto para la beligerancia como para la República en Armas, y su apoyo.
Difícil le resultó el ejercicio de su gobierno debido al antagonismo de los miembros de la Cámara de Representantes, quienes le atribuían una actitud antidemocrática y dictatorial. Se le dificultó ejercer un verdadero mando, como poder ejecutivo, debido a los arraigos caudillistas y regionalistas de una gran parte de los jefes.
Sin embargo, esta conjura se materializó el 27 de octubre de 1873, en el campamento de Bijagual, cuando fue depuesto como presidente por los representantes de la Cámara. El brigadier José de Jesús Pérez, uno de los hombres alzados en La Demajagua el 10 de octubre de 1868 le ofreció sus tropas para resistir a la Cámara, pero Céspedes no quiso que se produjeran enfrentamientos entre cubanos por su causa y acató disciplinadamente el hecho consumado, pues estaba consciente de que oponerse hubiera ocasionado una división entre los cubanos capaz de destruir la revolución.
Después de su destitución lo obligaron a acompañar al nuevo gobierno y a la Cámara durante dos meses. Tras la negativa de permitírsele salir al extranjero para visitar a su esposa e hijos, se le confinó a la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra. Hacia allí se dirigió el 27 de diciembre de 1873, sin la debida escolta, pues el gobierno se la negó, la llegada al lugar se produjo en la noche del 23 de enero de 1874. En la quietud de la sierra se dedicó a escribir y a enseñar a leer a los niños.
Un hecho que demostró el amor del presidente por la causa independentista ocurrió en mayo de 1870, cuando el capitán general de la Isla, Caballero de Rodas, le envió un mensaje comunicándole que su hijo menor, Oscar, había sido capturado y condenado a muerte, por loque lo extorsionó afirmando que si no se entregaba, asesinarían a su hijo.
La respuesta de Céspedes fue tajante: «Oscar no es mi único hijo: yo soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución».
Por tal actitud los cubanos lo proclamaron Padre de la Patria.
Céspedes no concebía la paz sin la independencia de Cuba, convicción que defendió hasta su muerte en un fatal y desigual combate el 27 de febrero de 1874, en San Lorenzo.

