Melba Peña Díaz es una anciana de 83 años que aún se emociona con los recuerdos de una juventud llena de anécdotas, y aunque el tiempo se ha empeñado en borrarlas, solo ha conseguido que esta mujer se aferre a ellas como el más preciado de los tesoros.
Parte de su historia se remonta a la década de los 50, cuando la Cuba del dictador Fulgencio Batista era sometida a las barbaries de un sistema que protegía el vandalismo de los poderosos y oprimía cualquier destello de libertad.
Para entonces ella era la nuera del comerciante José Vázquez Rojas (Pepe), ex propietario de la antigua Villa Blanca, hoy Granjita Siboney, lugar que acogió a Fidel y a los jóvenes vinculados al tempestuoso amanecer de la Santa Ana, aquel 26 de julio de 1953.
Cuando este equipo de Sierra Maestra contactó a Melba, esposa de José Vázquez Sánchez, (hijo de Pepe) y le comentamos cual era el objetivo de nuestro trabajo, solo nos dijo: “De esa etapa lo recuerdo todo”.
La recogimos en su actual morada y nos trasladamos hasta la antigua casa de verano de la familia Vázquez Rojas, lugar que no solo preserva huellas del paso de los asaltantes del Moncada por allá, sino, también, un hermoso pasado que aún la hacen reír y llorar de alegría, de añoranza y tristeza por todos los que ya no están.
Durante el viaje nos comentó que en aquella época tenían la costumbre de disfrazarse para los carnavales. Ese año habían decidido vestirse de cocineros, y así desfilaron la familia y un grupo de amistades por la calle Trocha.
Comentó que eran unas 16 parejas, las mujeres con vestidos negros, delantales blancos y cofias en las cabezas, y los hombres con pantalones y camisas blancas, hechos de sacos de harina.
Indiscutiblemente llamaron mucho la atención, y así bailaron y festejaron con las diferentes agrupaciones, una velada que concluyó en el cabaret San Pedro del Mar. Todo transcurrió según planes…
No podían imaginar que los vincularían con los asaltantes a la segunda fortaleza militar de importancia del país, el Cuartel Moncada, pero en las calles de Santiago de Cuba, rumoraban que un grupo de cocineros habían sido los protagonistas de aquella decisiva y valiente acción revolucionaria.
"No tuvimos nada que ver, y realmente nos sorprendió mucho", afirmó.
La familia vivió días muy tensos, no solo por el asunto de los "cocineros", sino también porque detuvieron a Pepe Vázquez por ser el dueño de la Granjita, uno de los que también vistió aquel disfraz que destacó en el populoso festejo.
Días después todo volvió a la normalidad cuando el propio Fidel Castro, absolvió a Pepe y al resto de la familia de la acción del 26 de julio de 1953.
Inolvidables recuerdos
Llegamos a la Granjita y allí continuó contándonos. Sus ojos se humedecieron en varias ocasiones, su voz de pronto se entrecortaba, la abrazaban cientos de recuerdos, como fiestas y comidas familiares, sus hijos jugando por el jardín, a su Pepín adormilado en uno de los asientos.
Entramos a la primera habitación a la izquierda y dijo: aquí pasé mi primera noche de casada, y con su característico buen humor, sus palabras hicieron reír a estas reporteras y a las historiadoras del museo.
Luego recorrió el resto de los espacios, observó fotos, muebles; recordó cómo era la vivienda en sus inicios, de los cambios que se le habían hecho; relató anécdotas; habló de Abel, Melba Hernández, Haydee Santamaría y otros que a pesar del tiempo transcurrido, aún le provocan fuertes emociones.
Allí estuvimos unas dos horas y entre risas y lágrimas revivimos una parte de la historia de la familia Vázquez y sus descendientes, y de esta casa convertida en museo, que cada día recibe la visita de santiagueros, cubanos y extranjeros.