Preludio de una invasiòn yanqui

Categoría: Historia
Escrito por Luis Sánchez del Toro
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preludio gironEn la mañana de aquel 15 de abril de 1961, hace exactamente 56 años, ocho bombarderos norteamericanos B-26, provenientes de su base en Puerto Cabezas, Nicaragua, disfrazados como aviones de la fuerza aérea cubana, realizan un ataque sorpresivo contra los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, preludio de la invasión por Playa Girón, escenario de la primera gran derrota militar del imperialismo yanqui en América Latina.

Semanas antes del 15 de abril de 1961, una embarcación pirata moderna y eficazmente artillada, penetró en la bahía de Santiago de Cuba, ametralló instalaciones de la refinería Hermanos Díaz, atacó las torres que llevaban electricidad desde uno de los cayos de la rada y, en su retirada ametralló la posición donde dos marinos santiagueros
cuidaban Punta Gorda, un club de pesca al servicio de la ciudadanía.

A pocas horas de que Fidel proclamara el carácter de la Revolución Socialista, el aeropuerto civil de Santiago de Cuba despertaba bajo el artero ataque de un B-26 enemigo, con los colores y bandera de las FAR, el cual se acercó a la pista con el tren de aterrizaje afuera, como si fuese a tomar pista, sin embargo lanzó un cohete contra la
batería antiaérea ubicada en la vertiente Norte de la pista, al tiempo que, en fracciones de segundo, en velocidad de ataque, dejaba caer dos bombas sobre  la pista para inutilizarla.

De igual manera, por el mismo rumbo, entró otro B-26 que directamente arremetió con su carga de muerte y destrucción contra las instalaciones civiles y militares del aeródromo, donde el avión de Cubana que debía volar hacia Manzanillo estaba incendiado en la rampa.

Este era el preludio de la invasión por Playa Girón, que pretendía entonces preparar las condiciones para la impunidad eliminando los aviones de combate y destruyendo las pistas aéreas cubanas.

El carácter sorpresivo del ataque, que duró cerca de 12 minutos, influyó en que causara mayor destrucción y heridos en el aeropuerto santiaguero, mientras los 53 compañeros que integraban el orden combativo defendían con heroicidad sus posiciones y la instalación.

La acción perseguía como objetivos provocar el miedo y la confusión, así como destruir en tierra la escasa y anticuada fuerza aérea cubana, para asegurar otras incursiones enemigas por vía terrestre.

A Eduardo Rodríguez Ernesto (Rodriguito), lo despertó el ataque en su casa. Al ver iluminarse el cielo salió en un carro hacia la Terminal y resguardó los bienes materiales.

Allí, alejó en medio de las balas una rastra cisterna cargada de combustible para los aviones de la base, situada junto a un DC-3 de Cubana de Aviación  que ardía en llamas, lo cual permitió salvar a personas ubicada a pocos metros de la instalación, quienes esperaban el vuelo para Baracoa.

El Comandante Raúl Castro, entonces al mando de La antigua provincia de Oriente, minutos después del ataque, cuando las llamas y el humo de la agresión no se habían disipado, por todas las emisoras de radio del territorio oriental, dio una orden tajante, sobresaliente como ninguna en el contexto de su alocución: “¡A aniquilar a los gusanos!”

En este aeropuerto, quedó como  una evidencia para todas las generaciones la herida número 27 que recibió el Mayor General Antonio Maceo Grajales, redivivo frente al edificio central de la terminal aérea santiaguera en un busto de bronce. La bala enemiga de gran calibre le penetró al je del Ejército Libertador por encima del pectoral izquierdo con salida a la espalda.

También por estos lares subsiste el testimonio de Luís M. Copo Quiñones, testigo excepcional de ese trascendental hecho,  la actitud heroica de trabajadores como José Luis Consuegra, quien a riesgo de su propia vida arrancó los motores de un avión incendiado para alejarlo de otro totalmente artillado, así como igualmente la de Rodriguito.

En esta ocasión se destruyeron siete aviones y la torre de control, aunque con la ayuda de los trabajadores, milicianos y combatientes —una hora después— quedó sofocado el incendio causado por el violento bombardeo.

A la instalación aérea llegó la muestra de unidad de los santiagueros, quienes se sumaron espontáneamente para emprender la limpieza de los locales, retirar con grandes grúas los aviones destruidos y reparar los boquetes abiertos por las bombas en la pista.

El pueblo cubano,  a 56 años de la cobarde agresión rinde merecido homenaje a los héroes y mártires caídos en esa heroica epopeya, con el firme compromiso de defender hasta las últimas consecuencias las conquistas de la Revolución cubana.

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