Mediodía para marcar el camino a la victoria
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- Categoría: Historia
- Escrito por ROKE VILA
- Visto: 1999
Son las 10 y media de la mañana y un grupo de jóvenes camina con premura por una calle de la Habana Vieja, una pareja de policías patrulla en la esquina de la calle Obispo y no se sorprenden cuando el grupo de imberbes dobla en dirección a la calle Mercaderes confundiéndose con la multitud.
El reloj marca las 10 y 45 en la mañana de Sagua la Grande, en la ciudad el aire se torna denso y las calles se encuentran más concurridas que de costumbre aunque la atmosfera no es bulliciosa, como si la urbe se encontrara sumergida en una expectación total.
La señal radial de la antigua provincia de Oriente anunciaba las 10 y 50 como la hora en Santiago de Cuba, mientras toda la localidad guardaba silencio ante la espera penitente de las lamas jóvenes que a esa hora se movían por determinados puntos de la capital oriental, mientras las autoridades de la tiranía bostezaban en la víspera de la tradicional hora del almuerzo.
Las 11 de la mañana del día 9 de abril de 1958 en toda Cuba, de pronto y sin previo anuncio una canción de moda comenzó a escucharse simultáneamente en varias emisoras. Tras un breve silencio, todo el país se llenó de voces arengadas por el llamado: “¡Atención, cubanos! ¡Atención! Es el 26 de Julio llamando a la Huelga General Revolucionaria. Adelante cubanos. Desde este momento comienza en toda Cuba la lucha final que solo terminará con el derrocamiento de la dictadura...
Desde ese instante la sangre revolucionaria se hizo presente en el altar de la Patria. En la capital, asaltaron la Armería de la calle Mercaderes, mientras en Sagua la Grande, los revolucionarios tomaron prácticamente la ciudad, repitiéndose simultáneamente las acciones en Matanzas, Santa Clara y Camagüey y otras partes del país.
Santiago de Cuba ofrendó la vida de 24 de sus jóvenes y se logró la paralización completa de toda la zona por la acción combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad, incluido el ataque al Cuartel de Boniato dirigido por René Ramos Latour, (Daniel).
Las calles de todo el país fueron testigo del heroísmo de los jóvenes y obreros, pero a pesar del valor y la decisión de luchar hasta las últimas consecuencias, luego de pasado el mediodía la huelga fue perdiendo intensidad. No se había logrado una correcta coordinación con otras fuerzas revolucionarias, como había orientado Fidel, y sobre todo en La Habana, hubo grandes fallas en la organización, pues nunca aparecieron las armas para todos los combatientes que se movilizaron.
La huelga general no logró los objetivos propuestos y tuvo muchos héroes y mártires como el joven Marcelo Salado, asesinado en la intersección de las calles habaneras G y 25, víctima de la represión de una tiranía incapaz de mantenerse en contra de la voluntad del pueblo y que en su odio por las constantes derrotas dejó más de un centenar de combatientes muertos.
Su infortunio fue uno de los reveses más significativos de la lucha insurreccional que le hizo creer a la tiranía que estaba a punto de aplastar a la Revolución, cuando la historia demostró que su final estaba próximo, pues su ciega aprehensión al poder no le permitió vislumbrar que un pueblo decidido a su liberación es capaz de recuperarse de cualquier revés. Por lo que los sucesos del 9 de Abril se convirtieron en un detonante de la conciencia y la capacidad de las masas, que meses después, el 2 de enero de 1959 se adueñaron de todos los rincones de una Cuba que sería suya por siempre.

