La luna desprendía una luz tenue sobre las estrechas calles de Palma Soriano, una madrugada fría en un diciembre diferente que mantenía a los pobladores dentro de sus casas. El pueblo se cernía en una quietud profunda que desesperaba a los soldados atrincherados en la Estación de Policía.
El ladrido de un perro solitario se colaba por los portales de los edificios aledaños al Parque Central, mientras el capitán Sierra Talavera, al mando de la Compañía 104 intentaba en vano comunicarse con sus superiores por teléfono. La momentánea quietud lo hacía mirar una y otra vez al dispositivo de fabricación norteamericana que últimamente solo era portador de noticias sobre el avance de los rebeldes.
Nada se movía ante sus ojos, ni un solo ruido, solo los grillos continuaban su serenata nocturna, luego solo la calma, en un momento de plena quietud se dejó es cuchar una explosión seguida por una serie de disparos y gritos que fueron adueñándose de cada rincón, el silencio se rompió como la escarcha, en miles de pedazos que alcanzaron los confines de la oriental población, la batalla por la liberación de Palma Soriano había comenzado. Un disparo de bazuca contra la Estación de Policía fue la señal que indicó el inicio del asedio rebelde, a las 2 y 30 de la madrugada del 23 de diciembre de 1958.
La ciudad quedó dentro de un vendaval de hierro y fuego que encerraba al central azucarero, al cuartel, a la jefatura de Policía y a los edificios que rodeaban el Parque Central. Desde las calles, patios, azoteas y portales, combatían los rebeldes, quienes avanzaban resueltos a pesar de los bombardeos y el ametrallamiento de aviones de la tiranía que apoyaban a los 350 efectivos del ejército atrincherados allí.
El día 22 de diciembre de 1958, en la finca "El Tamarindo" (Arroyo Blanco) se efectuó una reunión en la que participaron los Comandantes Fidel Castro, Juan Almeida, Raúl Castro, Vitalio Acuña, Universo Sánchez y Guillermo García entre otros, allí se discutió y acordó la liberación de Palma Soriano por la importante posición de la ciudad en el avance rebelde hasta la victoria definitiva sobre el enemigo.
La nochebuena del día 24 las tropas rebeldes, atravesaron el Cauto y entraron en por el sur dividiendo en dos a las fuerzas enemigas. Al amanecer del día 25 con fuego cerrado avanzaron por cuatro puntos de la ciudad y con una batería de morteros 60 batieron el principal cuartel enemigo desde la mañana hasta el anochecer.
Una a una fueron cayendo las posiciones enemigas que se rendían a las fuerzas insurgentes iniciándose el día 26 el ataque general contra las trincheras del régimen, hasta el amanecer del día 27 cuando capituló la compañía 104 incluido su Comandante, el capitán Sierra Talavera.
En Palma Soriano el Ejército Rebelde ocupó 357 armas entre fusiles, carabinas, ametralladoras, bazookas, y más de 85 000 balas de distintos calibres, así como numerosos avituallamientos de campaña, mientras que 256 soldados y oficiales fueron hechos prisioneros.
En el parte militar dado a conocer el propio día 27 de diciembre de 1958 por Radio Rebelde sobre la toma de Palma Soriano, el mando rebelde denunciaba la orden que había dado el dictador a su aviación, de bombardear las ciudades liberadas en Las Villas y Oriente así como zonas rurales de Pinar del Río y Camagüey, tal y como lo había hecho antes en las zonas montañosas.
Desde esta urbe, el Comandante en Jefe Fidel Castro lanzó su histórica alocución al pueblo de Cuba, en la que ordenaba el avance de las columnas rebeldes, no aceptar acuerdos con el enemigo a no ser para su rendición completa ante el Ejército Rebelde y llamaba al pueblo a prepararse para la huelga general revolucionaria si fuese necesario, ante la maniobra del golpe de Estado en la capital del país.
La liberación de Palma Soriano, el 27 de diciembre de 1958, otorgó al Ejercito Rebelde las llaves de la victoria, al confirmar su paso indetenible hacia Santiago de Cuba. El silencio se rompió como la escarcha en la urbe palmera y fue sustituido por voces de victoria que llenaron todos los rincones, voces que se escuchaban en la mismísima guarida del tirano y que cantaban sobre los días finales de la gloriosa gesta.