La sonrisa que no se olvida

Categoría: Historia
Escrito por Rosa María Panadero Vega
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camiloLa imagen e impronta dejada por el inolvidable Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán es parte indisoluble de la historia nacional.

Su vida y obra, dedicada por entero a su Patria, son estudiadas en los textos escolares de Historia de Cuba.

En ellos se resalta su condición de hombre humilde, de pueblo, expedicionario del Granma, sus misiones en la vanguardia de las primeras fuerzas del Ejército Rebelde, el papel cuando se convirtió en uno de los primeros en combatir en el llano, sus tareas en la victoria estratégica contra la ofensiva enemiga en el verano de 1958, el mando de la Columna Antonio Maceo en la Invasión a Occidente y, por supuesto, las acciones para tomar Yaguajay en los días finales de la guerra.

El Señor de la Vanguardia —como lo llamara su gran amigo, el Che— fue mucho más que un jefe militar distinguido en los combates. Fidel sabía que su valor como guerrillero y su carisma personal, representaban la fuerza y convicción de un pensamiento innegablemente revolucionario.

Tras el Primero de Enero de 1959, la actividad de Camilo fue decisiva para fortalecer al Ejército Rebelde, aglutinar voluntades de pueblo, unir fuerzas en apoyo a las leyes de la Revolución, respaldar a su líder y reafirmar definitivamente la toma del poder político. Su incesante batallar por el bienestar de la nación marcó a todos los cubanos.

Sin embargo, Camilo Cienfuegos solo vivió 301 días después del Primero de Enero, cuando en el cumplimiento de su misión el avión en el que viajaba desapareció en el medio del mar. Su pasión revolucionaria fue tan grande que, durante estos 57 años, él ha sido inspiración y fortaleza de la obra de la Revolución.

El Comandante Ernesto Che Guevara, al evocar a Camilo en el quinto aniversario de su desaparición, expresó: «Lo que a nosotros —los que recordamos a Camilo como una cosa, como un ser vivo— siempre nos atrajo más, fue, lo que también a todo el pueblo de Cuba atrajo, su manera de ser, su carácter, su alegría, su franqueza, su disposición de todos los momentos a ofrecer su vida, a pasar los peligros más grandes con una naturalidad total, con una sencillez completa, sin el más mínimo alarde de valor, de sabiduría, siempre siendo el compañero de todos, a pesar de que ya al terminar la guerra, era, indiscutiblemente, el más brillante de todos los guerrilleros».

Nunca será olvidado entonces el hombre del sombrero alón, el hombre de la sonrisa de pueblo.

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