“La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.”
Che
Conocemos el rostro y alma del guerrillero. A 49 años de su desaparición física no se olvida su admirable espíritu de organizador disciplinado, combatiente austero, solidario siempre con cada uno de los camaradas a su mando.
Se le recuerda en las montañas, como el más grande y entregado revolucionario, ríspido ante los formalismos y la retórica vacía, maestro de sus compañeros, médico dispuesto a asistir a amigos y adversarios, capaz de expresar ternura contenida ante el cuerpo del caído.
Hoy lo llevamos como el mayor impulsor de las nuevas generaciones, el padre que pretende un futuro mejor para sus hijos, defensor de los jóvenes en la vanguardia, para que desde el frente vean madurar y ayuden a crecer a su pueblo con estoicismo y sentido de pertenencia.
No se equivocó el guerrillero. Miles de biografías a lo largo de la historia, más públicas o más modestas, certifican que la Revolución Cubana es obra de las nuevas generaciones.
Ahí están las historias de Mella, Villena y la Generación del 30, José Antonio y el Directorio Estudiantil 13 de Marzo, la juventud del Partido Socialista Popular. Y está Fidel encabezando la Generación del Centenario, junto a Raúl y muchos otros que hicieron realidad la victoria con sus frescas manos.
Y allí están los muchachos del presente, apoyando en la reconstrucción de las zonas afectadas por el huracán Matthew, en gesto noble y de profunda solidaridad, porque el ejemplo de Ernesto Guevara no perece, se multiplica en todas las generaciones de cubanos. ¡Su lucha y la
nuestra, es una y la misma!