Cuentan que la pasada madrugada del 17 de enero, cuando la Red de Estaciones Sismológicas de Cuba registraba un enjambre de terremotos en el suroeste de Santiago de Cuba, los especialistas que se encontraban en el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS) sintieron miedo pues, pese a su conocimiento como expertos, temieron por la vida de los habitantes de esta ciudad y por sus familias.
"Esto fue lo nunca visto", expresaron algunos investigadores al referirse a la cantidad de eventos telúricos registrados en esas pocas horas; y aunque pensaban en sus hogares, el deber y compromiso con el pueblo y su profesión los convocaba a mantener la vigilancia ante aquella situación que catalogaron como anómala.
Todos -sismólogos, ingenieros técnicos jubilados y activos- se dieron cita en el centro para juntos monitorear la inusual actividad sísmica que parecía nunca acabar y más aún al existir el pronóstico de la ocurrencia de un seísmo de gran magnitud en esa zona.
Los días transcurrian y muchos de estos científicos apenas dormían, pues la vigía era constante jornada tras jornada, y aunque sus rostros reflejan cansancio y agotamiento la información precisa y veraz nunca faltó a los pobladores de esta urbe, y por qué no también del mundo.
En estos momentos, a pesar de que aparentemente hemos llegado a la calma debido a la disminución de los números de temblores en el tiempo y a la perceptividad, los sismólogos continúan su vigilancia.
En medio de este acontecimiento, en el que se demostró la valía de estos hombres y mujeres, que por días fueron las personas más buscadas y escuchadas de esta localidad, celebran hoy 3 de febrero el aniversario 24 de la creación del CENAIS.
Para estos doctores, especialistas y trabajadores en general de ese importante centro científico de Santiago de Cuba, las felicitaciones y agradecimento de los miles de santiagueros y cubanos que reconocen la labor necesaria que ellos realizan en aras preservar la vida humana.
Comentarios
CITA: "El deber no podemos enmarcarlo en el viejo concepto en que se veía el deber como el sacrificio. Hay que enmarcarlo en un concepto nuevo, al igual que el trabajo. Y es ciertamente admirable la gran posibilidad que se vislumbra de que los hombres puedan encontrar en el contenido del trabajo uno de los mayores incentivos (...).
Y si queremos que un día todos los hombres trabajen con ese espíritu, no bastará el sentido del deber, no bastará el concepto moral, será necesario que el propio contenido del trabajo, presidido por la inteligencia del hombre (...) sea una de las motivaciones fundamentales".
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