Afán protector de los ecosistemas de montaña

Categoría: Ciencia
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ecosistema protectorLos grupos de extensión agraria en las estructuras productivas del Plan Turquino en la provincia de Santiago de Cuba accionan para contrarrestar los efectos del cambio climático en los ambientes de  montaña, donde se producen importantes recursos forestales y económicos.

Fuente principal de agua son esos ecosistemas que surcan la Sierra Maestra por los municipios de Guamá y Tercer Frente, y de la Sierra Cristal en Segundo Frente, localidades en las cuales están las más altas serranías de Cuba y la de mayor altura, que es el Pico Turquino, a mil 974 metros sobre el nivel del mar.

La fragilidad de tales entornos, los valores de la biodiversidad y su papel en la producción de lluvias obliga a un modelo de desarrollo sostenible, que atenúe y transforme los problemas ambientales presentes.

Algunos de estos son la disminución de la cobertura vegetal, prácticas inadecuadas en el uso y laboreo de los suelos, manejo de las cuencas hidrográficas, los impactos de las construcciones e infraestructuras, y la explotación de sus recursos.

Ernesto Bueno, viejo extensionista del cafeto, reconoce a esas lomas como zonas de evolución, dispersión y endemismo, por lo cual adaptan condiciones de vida, y transformaciones en cultivos como el   café y cacao pero siempre protegiendo los suelos, la flora y la fauna.

El Programa de Desarrollo Cafetalero hasta el 2020  promueve ese cuidado con la aplicación de prácticas agroecológicas, siembra en terrazas, sistemas de riego por gravedad y rejuvenecimiento de las plantaciones del grano que elevan la productividad  sin maltrato ambiental.

Al ser el café el principal renglón económico de las elevaciones del territorio santiaguero, sus pobladores crean una cultura sobre el cultivo que necesita de restos de cosecha, humus de lombriz y compost como fertilizantes agroecológicos para la renovación de los campos que producen alimentos, además de facilitar la cría de ganado.   

Otras acciones de conjunto con especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) son el ordenamiento de las plantaciones por el sistema de siembra en torno a la pendiente,  lo que admite integrar otras atenciones culturales.

Renacen, entonces, las plantaciones en charrasco, específico para ecosistemas altos sobre el nivel del mar y de suelos esqueléticos para  sostener  el hábitat.

Aunque es un proceso lento, habitantes y productores unen esfuerzos en la siembra de árboles que dan sombra al café a la vez que reforestan la zona, proveen frutas y alimentos y previenen la erosión.      

La finca escuela de Tanjó Sanfier, cafetalero en el firme de la Sierra Cristal, muestra la estabilidad hombre-ecosistema de montaña. Allí aprovechan el agua abriéndole paso por la tupida vegetación para el riego de esos predios, en tanto en áreas cercanas crecen árboles frutales, flores, cultivos varios y plantas medicinales.   

Refirió Sanfier que en esos lugares hay que apoderarse de lo que la naturaleza y la tierra ofrecen y hacia ese concepto se dirigen los pensamientos y acciones de los caficultores de su Cooperativa.   

Por estos tiempos el extensionista agrario dota a las comunidades serranas de herramientas para convivir y desarrollarse a tono con la diversidad biológica que, en ocasiones, resulta amenazada por   incendios forestales, además de prácticas agrícolas y ganaderas inadecuadas, causadas por el hombre.

Intereses económicos y conservacionistas mitigan la pérdida de la biodiversidad y aumentan la capacidad de los ecosistemas para generar bienes y servicios medioambientales, que mejoran el bienestar social de los pobladores de las montañas y elevan la capacidad de adaptación ante el cambio climático.

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