Con atracciones vinculadas a la prehistoria que nos acerca a un dinosaurio de aproximadamente 18 metros de altura, una jirafa y un cocodrilo, el Museo de Historia Natural Tomás Romay de la ciudad de Santiago de Cuba renueva sus propuestas a tono con una etapa moderna, esta que impacta a chicos con una mentalidad más desarrollada aunque no quedaron atrás en su época los niños que llegaban a ese lugar cuando su inauguración en 1966 a disfrutar sobretodo, del planetario, el lugar donde la constelación del universo se aproximaba a sus ojos dando la impresión que se podía tocar con las manos.
De esta forma uno de los más eminentes científicos cubanos, el Doctor Tomás Romay Chacón quedó prendido a los santiagueros, puesto que esa instalación significaba el acercamiento a una especie animal y a un mundo celeste desconocidos.
Hoy volvemos a aludir a este habanero, porque a él se debe que el 12 de febrero de 1804, se aplicara por primera vez en Cuba, específicamente en su ciudad natal, la vacuna contra la viruela, una de las enfermedades infecciosas más temidas de su tiempo, por el elevado número de víctimas que dejaba a su paso además de las secuelas que sufrían las personas que lograban sobrevivir a esa epidemia.
Hoy nadie recuerda ese mal que llegó a nuestro país procedente del viejo mundo. Europa durante la colonización del Nuevo Mundo fue la que trajo a América una enfermedad ignota cuyos síntomas eran malestar, fiebre elevada, dolor de cabeza, postración, y el brote generalizado de bolsitas o ampollas que dejaban irreconocible a la persona.
Fue en 1980 que en el mundo se declara la victoria sobre la viruela, sin embargo en Cuba, un país colonizado por España primero y neo colonia de Estados Unidos después, desde 1949 se dejó atrás un mal que arrasó tribus indígenas enteras cuando se introdujo en el al país.
Ese mérito tuvo su antecesor en Tomás Romay, quien no dudó en mostrar la efectividad de la vacuna inoculando públicamente -con el pus de las viruelas extraídas de las pústulas de los brazos de tres niños que llegaron a La Habana procedentes de Puerto Rico- a sus hijos, incluso a los dos pequeños, uno de ellos con apenas un mes de nacido. Luego de inmunizados, los infantes fueron contagiados con el pus de un enfermo de viruelas y resultaron inmunes a la enfermedad.
Con el pus inyectó Romay a sus dos hijos pequeños, a otros cinco niños y dos criados. Ese mismo día en la tarde inmunizó a 42 personas de distintas edades y sexos y todo resultó un éxito.
Aunque el descubridor de este nuevo método de prevenir la viruela fue el médico inglés Edward Jenner en 1796, no cabe dudas que en la nación antillana su principal promotor fue el doctor Tomás Romay Chacón y el antecedente está en el 12 de febrero de 1804.
En el campo de la sabiduría y las investigaciones Cuba tiene una rica historia, y sus protagonistas desde antaño han sabido enfrentar los riesgos. Es como si supieran que vinieron al mundo para poner sus conocimientos en función de la humanidad. Y ese ejemplo trasciende épocas hasta que fue el líder cubano Fidel Castro Ruz quien dio la importancia a quienes desarrollan ese don, cuando proclamó públicamente que El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia.
Han pasado 216 años de la introducción en el país de la vacuna antivariólica , y los sueños de nuestros científicos de ver una población saludable vuelve a renacer ahora, cuando surgido en el continente asiático la pandemia del nuevo Coronavirus SARS CoV 2 amenaza a la humanidad y, Cuba no está exenta de ese peligro.
Hoy el ejemplo de Tomás Romay Chacón en su lucha por erradicar la viruela en Cuba está ahí, por ello la confianza de que como ocurrió en el siglo XIX, ahora descubierta por nuestros propios científicos llegará la vacuna que le devolverá la esperanza de vida a quienes ahora mismo con la pandemia de la COVID-19 se sienten amenazados de muerte.