Si bien la Covid-19 está generando el más complejo escenario epidemiológico desde el inicio de la epidemia en la Isla, el 11 de marzo de 2020, el enfrentamiento a esta contingencia ha impulsado el desarrollo de fármacos, candidatos vacunales, protocolos de atención y la interconexión de instituciones científicas.
Quizás una de las más valiosas experiencias de esta etapa es la creación de alianzas estratégicas entre especialistas de diversas disciplinas en función de resolver problemas y mejorar la respuesta gubernamental frente a la pandemia.
Afrontar las urgencias generadas por el nuevo coronavirus ha transformado la manera de gestionar la ciencia en Cuba. La necesidad de producir de medicamentos inmunomoduladores y desarrollar formulaciones inmunogénicas, ha catalizado procesos que en otras circunstancias hubieran tardado años, y que en la actualidad se realizan en pocos meses.
La "filosofía" cubana frente al SARS-Cov-2 se sustenta en dos pilares: reducir al mínimo la letalidad de la enfermedad y lograr la vacunación universal, segura y efectiva lo antes posible.
El primer objetivo conlleva emplear medicamentos capaces de activar la respuesta inmune innata, pues el virus escapa del sistema inmunológico, se disemina por todo el organismo y provoca una respuesta hiperinflamatoria que resulta patogénica: es tan fuerte la reacción del cuerpo humano frente a la viremia que puede causar complicaciones graves y la muerte.
La producción de inmunoestimuladores como el Interferón Alfa 2-B, la Biomodulina-T, el Factor de transferencia y, más recientemente, el Nasalferón, obedece a este propósito. De ahí que se apliquen no solo a los casos sospechosos y confirmados, sino a personas con mayor riesgo de fallecer por Covid-19.
Además de estos productos, Cuba cuenta con formulaciones que evitan la respuesta hiperinflamatoria como el péptido Jusvinza y el anticuerpo monoclonal humanizado Itolizumab, dos inmunoreguladores que actúan a nivel de los linfocitos T, productores de la citocina inflamatoria.
La protección con fármacos de personas vulnerables, la reducción de la viremia y el tratamiento antinflamatorio han sido claves para mantener baja la tasa de letalidad. Incluso, algunos productos cubanos se han incluido en protocolos sanitarios de otras naciones. Con el Itolizumab se realizó un ensayo clínico en la India y la autoridad reguladora de medicamentos de ese país autorizó su uso en caso de emergencia. Jusvinza también se aplica en otras latitudes.
Pero, de esto se dice poco a nivel internacional, y aún más silenciada es la labor científica para inmunizar contra el virus.
Este es el único país latinoamericano que ha logrado candidatos vacunales antiCovid-19. Soberana 01 está en ensayo clínico fase 1 para evaluar la seguridad y los niveles de inmunogenicidad. Mientras Soberana 02 se encuentra en estudio fase 2, con un mayor número de personas. Y la más reciente noticia es que la autoridad reguladora de medicamentos y dispositivos médicos CECMED autorizó el paso de Mambisa y Abdala a la segunda fase de ensayo clínico.
Normalmente el desarrollo de una vacuna dura entre 10 y 15 años. Concebir y demostrar una idea científica para obtener un producto seguro y eficaz en la prevención de una enfermedad no suele ocurrir en pocos meses; pero Cuba tenía las capacidades científicas y tecnológicas para crear estos candidatos vacunales. Y se logró articular una alianza estratégica entre diversas instituciones, que ha permitido complementar y potenciar esas capacidades.
Además, una ventaja innegable es que ya la Isla contaba con plataformas tecnológicas a partir de las cuales se concibieron los cuatro candidatos vacunales, es decir, tenía precedentes de vacunas permite confiar en el éxito de las nuevas formulaciones.
Como decía al principio, responder a los apremios de la contingencia epidemiológica obliga a acelerar procesos, y la autorización de cuatro ensayos clínicos de vacunas antiCovid-19 en menos de seis meses es, sin dudas, un hecho inédito en la Mayor de las Antillas.
Aunque todos quisiéramos disponer de la vacuna lo antes posible, las etapas para su obtención no pueden soslayarse; sin embargo, la buena noticia es que la industria farmacéutica cubana está produciendo todas las dosis de los ensayos y de la campaña nacional de vacunación que iniciará al término de estos.
Cuando pase la epidemia y las tensiones, las muertes y los riesgos de hoy sean parte de un pasado triste, Cuba no solo tendrá mayor soberanía por contar con un inmunógeno propio frente al virus que puso en crisis a la humanidad; sino por haber armonizado y conectado aún más sus capacidades para el desarrollo científico. En mi modesta opinión, este país está dando lecciones de lo que algunos expertos denominan "ciencia pertinente".