Vocación, dedicación y amor… contra el cáncer

Categoría: Ciencia
Escrito por Indira Ferrer Alonso
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oncologico conrado benitez santiago de cubaA los 9 años entró el cáncer a mi reino de niña; cuando abuelo fue devorado en ocho amargos meses por un tumor en la próstata.

Una tarde lo llevaron al “Oncológico”, y pensé que regresaría curado, a fin de cuentas me habían dicho que para eso eran los hospitales. Pero la esperanza de que volviera a casa y fuera el mismo de siempre, se hizo pedazos a su regreso. Era piel y huesos, apenas un despojo del hombre ágil y feliz que yo conocía. Mi viejo estaba más viejo... y demasiado apagado...

Sin embargo, no todas las historias de personas con cáncer tienen un triste final. Los servicios médicos para atender a pacientes con enfermedades malignas ya no son los mismos de los años 90; la oncologización de la red de hospitales, la posibilidad de acceder a diagnosticadores en las áreas de salud -para detectar afecciones malignas y premalignas-, los ensayos clínicos de vacunas terapéuticas (que suelen extender la vida de quienes las reciben) y la introducción de fármacos y tecnologías muy avanzadas para diagnosticar y tratar las neoplasias, son adelantos que se suman a la insustituible ventaja de contar con un personal altamente calificado y comprometido con su labor.

Santiago de Cuba es uno de los polos de la Oncología en la Isla. Aparejado a la actualización del equipamiento terapéutico, la provincia ha priorizado la optimización de los servicios con el desarrollo de obras constructivas para rehabilitar los locales dedicados a la asistencia.

Las mejoras realizadas a las salas de Oncología y Hematología del Hospital Infantil Sur Dr. Antonio María Véguez César y el acondicionamiento de diversas áreas en el Hospital Oncológico Conrado Benítez, por ejemplo, hablan de la voluntad política de ofrecer confort y seguridad a quienes requieren o trabajan en instituciones para la atención a personas con cáncer.

Un logro que se ha mantenido en los últimos años es que ya los tumores malignos no son la primera causa de muerte de los santiagueros; y –si bien no se alcanzan los niveles deseados en el diagnóstico precoz de algunas afecciones- hay avances considerables en la detección, el tratamiento oportuno y la sobrevida de los pacientes; al punto de que hoy el cáncer es una enfermedad crónica para mucha gente, y no un aviso de muerte anunciada, como lo ha sido históricamente.

Y todo eso, es fruto del concurso de muchas personas y de la voluntad del Estado de controlar un problema de salud con una prevalencia importante, que genera muchísimo sufrimiento.

Se acerca el 4 de Febrero, Día mundial de la Lucha contra el cáncer, y muchos son los rostros que vienen a la mente de esta reportera, que ha tenido el privilegio de trabajar con grandes profesionales de la Oncología, la Inmunología, la Imagenología, la Enfermería y otras disciplinas médicas que componen las capacidades de Santiago de Cuba para enfrentar el cáncer.

Profesoras y profesores cuyo prestigio, autoridad y experticia se sustentan en la consagración de su vida al estudio, la investigación y la atención a pacientes oncológicos. Gente que, con sensibilidad y rigor científico, prepara a las nuevas generaciones para asumir la responsabilidad que entraña la asistencia médica.

Muchos nombres pudieran mencionarse: ahí está el equipo del servicio de Oncología pediátrica con su proyecto admirable de payasos de hospital y el “profe” Manuel Verdecia; cuánta gratitud a los doctores Miguel Ángel O’Farril, Oscar Zayas Simón, Zoraida Acosta Brooks y José Manuel Velasco Hung, por ejemplo... y a tantos otros que salvan vidas o contribuyen a disminuir los estragos que causan los tumores malignos en quienes los padecen.

No son los médicos y enfermeros los únicos artífices de esta lucha: técnicos, tecnólogos, psicólogos, físicos, ingenieros y trabajadores de servicio, forman parte del ejército que hace posible la asistencia médica oncológica. La principal fortaleza de esta provincia para enfrentar el cáncer está en las mujeres y los hombres que cada día demuestran una innegable verdad: vocación, dedicación y amor, son también, poderosas herramientas contra el cáncer.

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