El hombre que sacó a flote el subconsciente

Categoría: Ciencia
Escrito por María de Jesús Chávez Vilorio
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sigmund freudEl 6 de mayo de 1856 nacía el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. En su época fue más odiado que admirado, sus teorías eran sencillamente demasiado raras.


Sin embargo, Sigmund Freud fue el hombre que supo ver a través de la naturaleza de los sueños y desenterrar las cosas que guardamos bajo llave en la cárcel del subconsciente. Hoy, a 163 años de su natalicio, exploremos algunas de sus facetas más complejas.
El gran hombre era judío y eso fue un problema que marcó su vida, ya fuera por las migraciones que tuvo que llevar a cabo, como por la discriminación a la que se enfrentó más de una vez. Se sabe que tenía una fobia inexplicable (como suelen ser las fobias) al número 62, tanto que nunca se hospedaba en un hotel con más de 62 cuartos. También a los helechos; y tenía un cierto no sé qué, sin llegar a la fobia, a los números 23 y 28.
Una de las curiosidades menos conocidas de Sigmund Freud era su pasión por Miguel de Cervantes. Tenía devoción por el escritor español hasta el punto de aprender castellano para leer El Quijote en versión original y no perderse ningún matiz de una de las obras literarias más importantes de la historia. Si uno lo piensa bien, es probable que con esas manías del oficio, el padre del psicoanálisis le haya hecho todo un diagnóstico a la figura de Alonso Quijano.
Más que a una figura literaria, sí hay varias bibliografías que afirman que Freud analizó las pesadillas de un niño de seis años y recomendó su inmediato internamiento en un centro de salud mental. Esto no se cumplió, el niño creció y le costó la vida a millones de personas. Incluyendo las hermanas de Sigmund Freud, y el destierro de este. Ese niño era Adolf Hitler y vale la pena preguntarse qué hubiera sido la Historia si al Führer lo hubieran puesto donde pertenecía a la edad correcta.
De Freud se dice que sentía una fuerte inclinación hacia la cocaína, y se sabe que la recomendó más de una vez, porque notó que desaparecía la depresión y las migrañas. Aunque su idea sobre la cocaína cambió cuando se la recomendó a un buen amigo suyo para superar la adicción a la morfina, pero éste desarrolló una adicción mucho peor. A los 40 años dejó la cocaína por las taquicardias que experimentó y porque notó cómo se mermaban sus capacidades intelectuales.
Esa no fue la adicción que acabó matándolo, sino su tabaquismo. Aun sabiéndose enfermo de cáncer en la boca, Freud no quiso dejar de fumar. Este cáncer llevó a 33 cirugías y un dolor inenarrable, hasta el punto en que, cansado, y viendo cómo iba el mundo en ese sangriento año de 1936, Freud decidió que se le practicara la eutanasia. Anna Freud, la hija y otra gran psicoanalista, accedió. Su amigo y doctor Max Schur le inyectó tres dosis de morfina, induciéndolo a estado de coma y finalmente a la muerte.
A Freud le debemos teorías tan interesantes como la interpretación de sueños, la represión de traumas infantiles en el subconsciente y los posteriores trastornos, el Complejo de Edipo y demás conceptos psicológicos que en la actualidad utilizamos en el hablar cotidiano. Gracias a él y su terapia basada en el diálogo, la terrible figura del psiquiatra aplicando terapias que semejaban a torturas de la Inquisición, logró escabullirse (al menos en buena parte) de nuestro imaginario colectivo y dar paso a la mucho más pacífica del paciente recostado en un sofá, contándole sus sueños al buen doctor.

Comentarios   

#1 Augusto Fernandez 09-05-2019 18:39
Sería interesante si la autora pudiera describir cómo eran las torturas de la Inquisición, quiénes las realizaban más a menudo: si las autoridades civiles o las eclesiásticas y las fuentes de donde saca tal información para poder validar su autenticidad. Lástima que sólo se haga una breve referencia a las mismas sin más detalles.
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