Estuvo varias veces al borde de la muerte; cuando lograba recuperarse intentaba llevar su vida lo mejor posible, a pesar de la insuficiencia renal crónica terminal que le imponía muchísimas limitaciones y por la cual requirió hemodiálisis tres veces por semana durante cinco años.
Se dice fácil, pero Kenia Reyes Dennys tuvo que conectarse 782 veces a una máquina que extraía la sangre de su organismo y hacía circular por sus venas el líquido de diálisis para, entre otros fines, disminuir los niveles de sustancias tóxicas en la sangre, y el exceso de agua que sus riñones no podían eliminar.
Fueron 782 veces en que se expuso a un proceso que a menudo causa fatiga, mareos, dolores de pecho, calambres en las piernas, náuseas, presión arterial baja y dolores de cabeza; en el que también hay peligro de muerte. Pero sin esa terapia no hubiera vivido estos cinco años, y por supuesto, no hubiera llegado al trasplante que hoy le permite tener nuevas esperanzas.
El día 5 de marzo de 2013, cuando muchos en el mundo llorábamos por el fallecimiento de Hugo Chávez, en Venezuela esta doctora santiaguera recibía por primera vez el tratamiento hemodialítico; el 5 de marzo pasado, la implantación de un riñón en su vientre puso fin a ese capítulo de su vida.
“Hay que vivirlo para saber cuánto sufrimiento causa esta enfermedad, cuántas limitaciones te impone, y yo comencé a padecerla con apenas 27 años. Mi estado de salud me impedía realizar actividad física intensa, no podía ingerir líquidos, la alimentación era muy restringida, no podía hacer las cosas que comúnmente hacen los jóvenes… era realmente difícil.
“Yo soy oftalmóloga; cuando me diagnosticaron la insuficiencia renal en 2009 tenía muy poco tiempo de trabajo, y por los cuidados que requería mi enfermedad no podía operar ni cumplir con otras funciones propias de mi profesión. En los últimos cinco años estuve trabajando por la mañana, pero en la tarde tenía que ir a hemodiálisis, y eso era inviolable. Ahora, gracias a Dios y a la buena voluntad de la familia que decidió la donación de órganos, voy a poder realizarme como profesional”, comentó.
La emoción que quebraba la voz de esta sanluisera, y las lágrimas que se empeñaba en evitar, daban fe de las heridas que le causó en el alma la situación de salud que tuvo que afrontar.
Cuando se ha visto de cerca la cara de la muerte, una segunda oportunidad es como renacer, tal vez porque se comienza a amar la vida con cada una de sus situaciones, buenas o malas, importantes u ordinarias, simplemente porque todo eso forma parte del regalo que es vivir. Bien lo sabe Kenia:
“Estoy contentísima. Voy a continuar con mi vida, voy a emprender nuevos proyectos sobre todo en el orden profesional, quiero salir adelante, realizarme como persona y para eso voy a cuidarme mucho.”
Kenia recibió el riñón de un donante cadavérico a quien no conoció, tampoco sabe quiénes son sus familiares y nunca podrá estrechar las manos de la persona que dijo “sí” cuando, en medio del dolor por la pérdida del ser querido, le preguntaron si autorizaría el uso de los órganos para salvar otras vidas. Sin embargo, cada día sin hemodiálisis, cada momento en que pueda disfrutar haciendo algo que antes le estaba prohibido, vendrá a su mente la gratitud por tanta solidaridad.
“La donación de órganos es un acto de inmenso amor porque le estás dando a alguien que no conoces y de quien no recibirás ningún beneficio, la oportunidad de vivir, de realizarse en todos los sentidos.
“Las personas sanas que tengan a un familiar o un amigo con insuficiencia renal crónica, deben saber que en sus manos puede estar la posibilidad de salvarle la vida, si le donan un riñón. El proceso de trasplante es una práctica muy segura, y en la mayoría de los casos se logra que tanto el donante vivo como el trasplantado tengan una buena recuperación y una alta esperanza de vida. Por eso los exhorto a que lo hagan, que la hemodiálisis es un proceso muy fuerte, el paciente se va deteriorando… con el trasplante uno deja de necesitar hemodiálisis y tiene mayor expectativa de vida.
“También les pido a las familias que pierden un ser querido por muerte cerebral, que accedan a donar los órganos. Yo sé que es difícil tomar esa decisión en medio de tanto dolor, pero piensen que si aceptan estarán salvando vidas porque no solo se trasplantan los riñones”, dijo.
Como Kenia, 23 personas han recibido insertos de riñón en Santiago de Cuba durante el último año. Según el coordinador de Trasplante del territorio Oriente Sur, Dr. Julio César Serra Rodríguez, en 2017 más pacientes accedieron a una variante terapéutica que prolonga y mejora considerablemente la vida.
“El trasplante renal es la mejor variante terapéutica que tiene la insuficiencia renal crónica porque aporta mucha más calidad de vida que la hemodiálisis. Tengo pacientes que llevan años trasplantados y se han reincorporado a sus centros laborales, que cumplen los cuidados que requiere su salud pero llevan una vida normal, y solo tienen que asistir a las consultas para el seguimiento médico.
“Anualmente se incrementa la cantidad de pacientes con insuficiencia renal y eso implica mayor cantidad de personas recibiendo hemodiálisis y estas tienen solo dos salidas: fallece o se trasplanta. Por eso lo que resulta más viable y más humano es incrementar los trasplantes”, señaló.
El 3 de diciembre de este año, el servicio de Trasplante de la región suroriental, radicado en el hospital santiaguero Juan Bruno Zayas Alfonso, cumplirá 10 años de reabierto. Con motivo de esa celebración, el equipo médico encargado de esa labor pretende realizar al menos una treintena de cirugías. Una meta que no es importante por la cifra, sino porque cada riñón significa que alguien vuelve a casa lleno de esperanzas… como Kenia, que ahora está lista para vivir.