El Trabajo Comunitario Integrado (TCI) forma parte de las herramientas del Poder Popular en Cuba, a la vez que constituye un reto para delegados, funcionarios del gobierno y las asambleas de base, en su propósito de lograr resultados superiores en los órdenes
socioeconómicos de nuestra sociedad.
Esto no es un fenómeno nuevo, sino que contiene nuevas dimensiones, acorde con las necesidades actuales del país, subdesarrollado y bloqueado por EE.UU., y del objetivo de materializar un socialismo próspero y sustentable.
Especialistas explican que no todo accionar en una localidad es Trabajo Comunitario, ni aun cuando solucionar problema o necesidades de la población involucre a todo o parte de sus vecinos en la ejecución de la tarea, tampoco porque existan proyectos o financiamientos, pues es más que la intervención que supone la solución de un problema.
¿En qué consiste, entonces, el Trabajo Comunitario Integrado? Aunque las definiciones no lo dicen todo, por lo menos nos dan una idea de lo que se trata. Según el Manual de las Buenas Prácticas, “el TCI es un proceso de transformación que implica desarrollo humano, y que la comunidad sueña, planifica, ejecuta y evalúa con plena participación”.
Al reflexionar acerca del tema, el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz Canel, señaló lo que ha de ser una guía para los delegados: “la comunidad es el principal escenario que tenemos para el trabajo, que al final surge de lo que se hace en esta y es realmente donde nosotros podemos integrar todas las motivaciones, todas las aspiraciones, toda la cultura de los pobladores de la comunidad con los planes de desarrollo económico y social, también
asociado al plan de la economía, y por supuesto, a la actividad presupuestaria de cada territorio…”
En Santiago de Cuba , donde se realiza un extraordinario esfuerzo constructivo y reconstructivo de viviendas, viales, edificios, parques y otras obras sociales más allá de solucionar los daños causados por el ciclón del 2012, el Trabajo Comunitario, con la participación activa de la población, es imprescindible, pues a lo anterior hay que
agregar tareas relacionadas con la salud, la educación, la asistencia social, y otras que requieren la atención de todos.
Ejemplos de hechos positivos realizados en las comunidades son muchos; mas, no siempre este proceso de Trabajo Comunitario tiene lugar con la integralidad suficiente para desarrollar al máximo todas las potencialidades de la comunidad, en las que permanecen millones de personas: amas de casa, jubilados, estudiantes, desocupados y cuentapropistas, casi a tiempo completo, quedando reservas que son necesarias explotar.
Miles de ciudadanos aportan su sudor en bien de las numerosas obras que se están haciendo, pero todavía hay personas en los barrios que no participan en tarea alguna, lo que representa un verdadero reto para los distintos factores de la comunidad, que no sólo deben trabajar
en el aspecto organizativo y movilizativo, sino también por atraerlas y hacerlas copartícipes de las labores que se llevan a cabo.