El mes de junio resulta un elogio a la memoria, se despiertan nuevas emociones cada 14 al recordar el natalicio de dos de los más grandes héroes de esta nación, Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara.
Me niego a creer que fue mera coincidencia del destino el alumbramiento de ambos en la misma fecha, alguna fuerza natural decidió unirlos el mismo día y en una sola causa, la lucha por la plena independencia de Cuba.
Una razón más para sentir orgullo de ser santiaguero es el vivir en la tierra que vio nacer al Titán de Bronce. En 1845 venía al mundo el primogénito de Marcos Maceo y Mariana Grajales Coello, quien influiría decisivamente en el curso de la patria.
Se incorporó a la Guerra del 68 dos días después de comenzada, el 12 de octubre, en Majaguabo, junto a sus hermanos José y Justo, combatiendo ese mismo día en Tí Arriba. Por su coraje y decisión lo ascendieron a Sargento. Así inició su trayectoria de guerrero incansable, hombre metálico que al final de la contienda exhibía en su cuerpo más de 20 cicatrices.
El 6 de mayo de 1877 fue ascendido a Mayor General del Ejército Libertador. Su entrega y amor por Cuba le impidieron aceptar la Sedición de Santa Rita y la firma del Pacto del Zanjón, entonces le impuso a Arsenio Martínez Campo: “Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él” en la inmortalizada Protesta de Baraguá.
Le llegó el exilio, la muerte de sus hermanos, la separación de la buena madre y de la esposa María Cabrales, los sacrificios propios de un hombre de guerra, y ninguno de los avatares le hizo detenerse en la lucha. Considerado todo un maestro en el empleo de la táctica militar fue combatiente por excelencia y jefe de elevado prestigio, convirtiéndose en Lugarteniente General durante la Guerra del 95. Se calcula que intervino en más de 600 acciones combativas, entre las que se cuentan alrededor de 200 combates de gran significado.
Distante en época, región y contexto histórico, Ernesto Guevara de la Serna nacía en Rosario, Argentina, en 1928. El Che se desempeñó como estadista, escritor y médico. Conoció América Latina y sus penurias, y se juró liberarla. En tal causa formó parte de la expedición del yate Granma y arribó a la Llave del Golfo para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Durante la guerra alcanzó el grado de Comandante y dirigió la Columna No. 8 Ciro Redondo que tomó el centro del país. Una vez triunfada la Revolución fungió como Presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industrias. También presidió delegaciones cubanas que visitaron diversos países y fue representante del Gobierno en importantes cónclaves internacionales.
Siguiendo a sus ideales internacionalistas y solidarios, partió hacia El Congo, donde dirigió un frente guerrillero contra la intervención de los mercenarios blancos y sus aliados locales. Tiempo después, comenzó a organizar la guerra revolucionaria en Bolivia, allí cayó el Guerrillero Heroico.
Dos hombres, dos historias, el mismo sentir por la libertad son motivos para recordarlos este 14 de junio con toda la gloria que merecen Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara.