Fue una despedida feliz, de esas en las que dices adiós con una sonrisa pero con ojos humedecidos, con esa sensación de que no podrás pronunciar una palabra, porque aún no te has ido y sientes nostalgia.
Así sucedió esta semana en el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, cuando el magisterio santiaguero pronunciaba sinceros mensajes de reconocimiento a la trayectoria profesional de Rafael Darío Pacheco, quien por más de una década fungió como director provincial de Educación en el territorio.
Maestro de maestros, un hombre de voz serena y firme, dedicado a la formación y a la superación de miles de educandos; con virtudes y defectos, pero enamorado de una de las artes más hermosas.
“Fueron 12 años de intenso trabajo, con logros y deficiencias pero siempre con la convicción de cumplir con las tareas, de llevar la educación a un nivel superior y así cumplimos con todos los procesos que se desarrollaron durante este periodo.
“Fue una experiencia muy positiva, en la que ser también vicepresidente del Consejo de la Administración indudablemente influyó en mi preparación. Hoy me liberan de mis funciones como Director Provincial para cumplir con otras, pero dejo una reserva preparada que sin lugar a dudas, continuará elevando los resultados del sector”, afirmó.
En este sentido, aseveró que el proceso de entrega se realizó de manera detallada, lo que permitirá que la compañera Dania López Gulbone, pueda desarrollar su nueva misión sin dificultades.
Pacheco, como cariñosamente le llamamos, desempeñó una consagrada labor desde sus inicios en el magisterio, protagonista de importantes transformaciones por las que ha transitado el sector educacional.
Entre ellas vale mencionar el nuevo modelo de aprendizaje en las Secundarias Básicas, la formación de los Profesores Generales Integrales, creación de contingentes de maestros para apoyar a la antigua provincia de Ciudad de la Habana y Matanzas, actividad que hasta hoy ha permitido mantener la calidad de la educación en esos territorios.
“Hemos vivido períodos muy intensos, problemas climatológicos, cierre e inicios de cursos, atención a centros internos, el cierre de las escuelas primarias con matrícula de uno a cinco alumnos, entre otras acciones a las que indudablemente le pusimos todo nuestro empeño”.
A decir del destacado pedagogo, lo más importante es la unidad de todos los educadores y el compromiso, para que la provincia siga cosechando éxitos y alcanzando un lugar cimero en la educación cubana. “A eso aspiro”, expresó emocionado.
Durante la jornada no faltó el homenaje de sus compañeros de trabajo y de todos los que de una manera u otra lo vieron ganarse el respeto y la admiración de santiagueros y cubanos.
La velada incluyó también remembranzas no solo de los años a los que dedicó a enseñar, sino también de su vida como hombre de familia, esposo, padre e hijo.
“El día de hoy ha sido especial. Es emocionante ver cómo sus compañeros le han manifestado el agradecimiento, han sabido ilustrar quien es Pacheco, no solo el trabajador, sino también aquel que hace una llamada a mitad del día para saber cómo estamos, quien en ocasiones faltó físicamente a alguna celebración pero su cariño siempre presente, la mano segura que nunca nos abandona”, expresó Rafael Luís, uno de sus hijos que lo acompañó esta mañana.
“Papá ha estado siempre para darnos un consejo, para guiarnos, pendiente de los asuntos del hogar, de mi hermano y de mí. Me gradué como ingeniero informático y siempre estuvo a mi lado, y hoy sigo su ejemplo como profesor de la Universidad”, dijo con orgullo.
Este día no faltó el beso, el abrazo y por supuesto la modesta sonrisa a la que nos tiene acostumbrado Pacheco, quien cierra un capítulo de su vida profesional pero deja huellas de amor y sabiduría, para iniciar otro, y como de costumbre, con el apoyo de una familia y junto a su esposa.