A sus 75 años José Cuevas Veranes afirma sentirse muy bien. Este hombre de sonrisa afable esconde grandes secretos en sus ojos ciegos, que hoy Sierra Maestra se propone revelar. El inolvidable dirigente de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y actual líder de la Asociación Nacional del Ciego (ANCI) sobre su infancia recuenta…
“Nací en Minas de Ponupo, en el municipio de Songo La Maya, ahí tengo muchos recuerdos, tirarme de una yagua y caer en el río, la mata de guayaba contra la que una vez choqué y me hice una herida en el cuello, y trece hermanos – todos fallecidos- con los que compartí parte de mi infancia, pues al año de nacido vine con una tía para Santiago de Cuba, quien me educó.
“Iba a La Maya de visita, yo veía a mis hermanos con las barrigas anchas, infladas y el por qué me rompía la cabeza, sin saber que el mal vivir y la pobreza en el campo daban eso, las lombrices. Mi mamá estuvo once años con paludismo y cuatro de sus hijos salieron con dificultades. Éramos una familia humilde, tuvimos días de tristeza y también de mucha unión, de gran educación y de añoranza, pues mi papá murió a manos de la guardia rural, en el central Ermita. Le decíamos Chepe, se enfrentó a los guardias porque le quisieron quitar el bohío de la finca y ponérselo en el camino, se negó y le dieron una golpiza mortal. Todos estos recuerdos me hacen ser más hombre y comunista. He leído bastante, pero mis raíces me afirman a la Revolución.”
De su profesión, ¿alguna anécdota?
“Estudié en la Escuela Normal para Maestros de Oriente, cuando Frank País salía de la institución yo entraba, lo conocí allí. Recuerdo su vestimenta, el libro religioso que leía, participé en su entierro siendo jovencito. Allí aprendí de la lucha clandestina. Después en apoyo a la Revolución cerramos la Normal, entonces trabajé por concurso, en la Academia Particular de Los Olmos repasando a quienes deseaban ingresar a la universidad, también cubrí a una compañera por la mitad del sueldo, ganaba 60 pesos. En 1961 me gradué de profesor. Trabajé en Palma Soriano, Mexiquito, y en Ciudad Escolar 26 de Julio una semana como maestro interino.
“Luego estuve 25 años como Ideológico en los CDR y cinco más en su Consejo Provincial. Los CDR fueron mi formación, pero la ANCI es mi central azucarero, mi finca, y recibir durante 24 años la Distinción de Vanguardia Nacional me enorgullece. Dicen que los mejores amores que he tenido han sido ciegos. Estoy preparando el relevo para que hagan más que yo.”
¿Cómo fue pasar de ser una persona vidente a una invidente?
“He pasado mucho, la glaucoma desde los 15 años me llevó recio, me operé por primera vez a esa edad, luego vinieron otras seis cirugías hasta dejarme ciego total. Cuando estaba en los CDR los compañeros me advertían que las malas noches y el ritmo de vida eran riesgosos para la enfermedad y yo seguía trabajando, no me pesa. Ya en la ANCI, me fui a San Luis lloviendo en un motor y me cayó una partícula en el ojo izquierdo –del que más veía- y lo perdí, tengo una prótesis.
¿Momentos gratificantes?
“Sentí gran emoción en 1971 al recibir de manos del Comandante Juan Almeida el carné del Partido Comunista en la granjita Siboney. En 1986 visité Hungría, Alemania, Checoslovaquia, y pisé el Danubio congelado.
“Estuve cerca de nuestro Líder Histórico ocho veces, aunque la primera vez fue impresionante. Cuando se inauguró el Internado de Ciegos Antonio Fernández León, una obra por la cual luché, me vi en mi casa sin ser invitado y me dije “¡Concho, me olvidaron!”. Entonces llegó un carro buscando mi apartamento, salió un hombre y me dijo “Cuevas, Fidel lo manda a buscar.” Al terminar el acto me aparté a un lado y sentí una voz llamándome, pensé que era Esteban Lazo. Grité “Lazo, Lazo”, y me dijo “Ay Cuevas, no es Lazo, es Fidel”. Se me aflojaron las piernas, el corazón casi se me sale del pecho. El Comandante en Jefe me abrazó, me pasó la mano por la cabeza, me aconsejó y me dijo “Gente como tú tienen una historia propia”. Yo quiero a Fidel y lo querré siempre.”
José Cuevas Veranes reafirma cada día su deseo de hacer más: “Todos los avatares que tuve en mi vida, llenos de lagunas, enfermedades y también de victorias, me condujeron a llegar aquí, a la ANCI, me dedico a esta obra que me ha hecho feliz.”