Santiago de Cuba, 5 jun (PL) El libro Tumbas para cimarronas, de María Cristina Hierrezuelo, despierta hoy el interés por las luces que arroja hacia un capítulo apenas revelado de la rebeldía esclava en Cuba, el de las mujeres.
En declaraciones, la profesora de la Universidad de Oriente explicó que el volumen tiene carácter personal y se basa en vivencias y anécdotas escuchadas de su tatarabuela, quien sufrió esa horrible condición junto a muchos de sus antepasados.
Con la marca de esa huella desde la infancia a cuestas, la investigadora hurgó en archivos y otras fuentes testimoniales para contribuir a situar en su lugar la presencia de las esclavas en el cimarronaje, una realidad digna de ser estudiada en toda su amplitud y trascendencia.
Se refirió Hierrezuelo a la preponderancia de los hombres al reflejarse esa historia de quienes huían al monte en busca de la libertad, un asunto expresado en obras literarias como Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet, y plásticas como el monumento de Alberto Lescay erigido en el poblado de El Cobre.
Tal omnipresencia de la figura masculina podía llevar a la imagen de esclavas resignadas con el yugo, apuntó la autora, quien expone el interesante concepto de cimarronaje doméstico para aludir a la postura de insubordinación de las mujeres, calificadas de "respondonas, insolentes, atrevidas, altivas" en algunos registros.
El término tumbas lleva implícito el homenaje a esas cimarronas, esencialmente por su intrínseco espíritu de dignidad y libertad, al tratarse de un tipo de baile o fiesta de origen bantú muy arraigada en la población sometida a esa ignominia.
Publicado por Ediciones Santiago, el libro es resultado también de acuciosas búsquedas en el archivo provincial de esta ciudad, donde documentos diversos traen al presente la infamia de la esclavitud.