Más que una tradición

Categoría: Santiago de Cuba
Escrito por YANET ALINA CAMEJO FERNÁNDEZ
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fiestabanderatradicionEste Fin de año voy a dar gracias por la vida. Brindaré por los logros alcanzados y por los que no, también. Me vestiré con mi mejor traje y abrazaré muy fuerte a mi familia. El cerdo asado, las viandas, el congrí, la ensalada y la bebida adornarán la mesa. Todo será alegría.

Para los habitantes de este archipiélago, al igual que del resto del mundo, la llegada de Fin de año es todo un acontecimiento. Mucho más allá de la tradición y algunas que otras costumbres es el momento idóneo para reunirse abuelos, padres, hijos, primos, tíos y amigos.

La música, el jolgorio, las felicitaciones entre conocidos y la buena comida, marcan la celebración.

Todo se prepara en torno al momento: el retoque de pintura en los hogares, la limpieza general de la casa, el embellecimiento de centros de trabajo y comunidades, las fiestas populares y la compra necesaria en los mercaditos y tiendas.

Llegado el día, el 31 de diciembre se convierte en una jornada llena de aromas y sabores atractivos para cualquier olfato y paladar. En la mesa de muchísimos cubanos no puede faltar el cerdo asado,  en púas o en horno, o en diversos casos, de acuerdo a las posibilidades, una que otra pierna de este animal. De igual forma acompañan la cena el típico congrí, la exquisita yuca o ñame con mojo, algún que otro tostón, la ensalada de vegetales y la bebida, sea cerveza, vino y cidra.

Tic tac, tic tac. ¡Ya son las 12!, siempre algún familiar grita, y enseguida las notas del himno nacional en la televisión cubana anuncia que culminó un año y comenzó otro, momento emocionante para besarse, abrazarse, observar los fuegos artificiales, recordar a los familiares
fallecidos y llamar por teléfono a los que no están.

Con la armonía que caracteriza al cubano, las personas suelen salir a las calles para compartir brindis, abrazos y apretones de manos con los vecinos, y trasmitirse buenos deseos.

Acto seguido comienzan un sinnúmero de rituales y supersticiones que distinguen el advenimiento de Año nuevo, y no solo en nuestra nación sino también en todo el orbe. Es común observar como algunas que otras familias lanzan cubos de agua desde el balcón, la casa, o el lugar donde se recibe el nuevo año, para entrar “limpio” al que sucede.

Otra costumbre es usar ropa interior amarilla o roja si se quiere felicidad y suerte en el amor, llevar dinero en los zapatos, para atraer la prosperidad económica y pasear por el vecindario con una maleta para augurar buenos viajes.

En algunos barrios se quema de manera simbólica al “Año Viejo”, representado por un muñeco de trapo, con lo cual se pretenden borrar los malos recuerdos dejados atrás, y recibir venideros tiempos con alegría.

Y no falta el buen vestir, con prendas y aditamentos varias personas se engalanan con sus mejores ropas y hasta eligen el color a usar en dependencia al significado de estos, que de acuerdo con las tendencias de la moda para esta ocasión vendrían muy bien los colores blanco,
verde, rojo y negro.

La víspera de Año nuevo es una de las celebraciones más multitudinarias, y toma connotación especial por coincidir con el aniversario de la Revolución.

Para los santiagueros y santiagueras el 2015 fue una etapa valiosa, de muchas conmemoraciones y esfuerzo colectivo. Tuvimos los actos nacionales por el Primero de Enero y el 26 de Julio, el aniversario 500 de la fundación de la villa de Santiago de Cuba, la construcción
del malecón y disímiles obras significativas, así como el enfrentamiento a la sequía y enfermedades derivadas de esta, que sin dudas, ameritaron del empeño colectivo de nuestros ciudadanos.

Pero más allá de todo esto, a los habitantes de esta tierra nada los reconforta más que el compartir junto a los suyos las alegrías y tristezas que les depara el entrante periodo. Esperemos que este 2016 traiga para todos esperanza, paz, amor, prosperidad y muchas buenas recompensas.

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