Un campesino que apuesta por la recuperación del plátano en Laguna BlancaPor estos días, es intenso el quehacer en la comunidad agrícola de Ruta Martiana, donde se enfrenta el reto mayor de dejar plantadas en la Empresa Agropecuaria (EA) Laguna Blanca –el mayor polo productivo de la provincia de Santiago de Cuba- unas 1 000 hectáreas de plátano y otras 600 de yuca en la actual campaña de siembra de primavera.
Se trata de un ambicioso programa de recuperación de esos importantes cultivos, que involucra a 437 productores individuales denominados como líderes en esos quehaceres y convocados ante la compleja situación económica del país, el azote de la pandemia de la Covid-19 y el recrudecimiento del bloqueo del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, a incrementar la producción de alimentos para el pueblo.
El experimentado campesino Luis Enrique Fonseca Fonseca, asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Ramiro Betancourt, fue de los primeros en asumir el reto, y desde su finca “Las Delicias” comenzó la siembra de plátano de la variedad Burro CEMSA, muy resistente a la sequía y adaptado a las condiciones objetivas de esta zona del oriente cubano.
Manifiesta Luis Enrique, que muchas experiencias tiene sobre este cultivo que fue devastado totalmente durante el paso del huracán Sandy por esta región, sin embargo mucha satisfacción siente cuando se habla sobre este proyecto de reanimación del plátano en Laguna Blanca, una entidad puramente bananera y que ahora vuelve a retomar el camino de recuperar un alimento imprescindible para la población en estos complejos y difíciles momentos.
El reto es grande, dice el cooperativista de la “Ramiro Betancourt”, quien ratifica el compromiso de cumplir con la cifra asignada, invocando en primer lugar a su experiencia como reconocido viandero en estas llanuras del municipio de Contramaestre. Sin embargo, reconoce que también dependerá mucho de la ayuda de sus colegas de la CCS, la familia y particularmente de la empresa.
Por estos sitios, es intensa la sequía, pero Luis Enrique no se detiene y con mucho sacrificio, voluntad amor al trabajo enfrenta una siembra con el uso de la tracción animal para el surcado ante la carencia de combustible para los tractores, el uso de la materia orgánica en sustitución de los fertilizantes y el riego de agua con pipas y recipientes.
Es muy esforzado este trabajo, comenta su esposa Yalennis Ortega Maceo, quien no desperdicia un minuto para apoyar a Luis Enrique. En estos tiempos de pandemia, afirma, que junto a su hijo Leidel Betancourt Ortega brinda su pequeño granito de arena para que la tarea planteada sea un éxito, que influya directamente en la alimentación del pueblo.
Siempre hay un espacio para compartir el trabajo de este hombre de campo, dice con satisfacción Yalennis quien es licenciada en Defectología y jefa de ciclo de la Enseñanza Primaria de la comunidad de Ruta Martiana. Destaca que en ese empeño también la inspira Leidel, de 12 años y estudiante de séptimo grado, quien la deja asombrada por la destreza con que maneja una yunta de bueyes.
Es un chico muy atrevido, dice Luis Enrique, quien de vez en cuando lo recibe en el campo después de recibir sus teleclases. Allí, lo mismo chapea, riega materia orgánica o “sofoca” a Jardinero y Rompe monte, una yunta de bueyes que se somete a su infantil grito de obediencia.
Siento satisfacción por el campo, dice Leidel, y desde ahora apuesto por ser médico veterinario. Me divierto mucho cuando manejo tan solo por un ratico esa yunta de bueyes, y aunque es insignificante mi aporte es mucho mayor mi orgullo por estar entre mi gente del campo, dijo finalmente.
En “Las Delicias”, se queda Luis Enrique, entusiasmado en que su esfuerzo y el del colectivo se convertirán en bienestar para el pueblo.